El blog del Festival
20mar/140

En recuerdo de “Baumi”

Publicado por: Jose Angel

Después de mucho tiempo ausente, y sin justificar, retomo mi blog conmocionado por la noticia del fallecimiento el 18 de marzo de Karl Baumgartner, conocido por toda la gente del cine como “Baumi”, fundador junto a Reinhard Brundig en 1982 de la compañía Pandora, que en los últimos treinta años ha producido y distribuído gran parte del cine de autor, principalmente europeo pero también con títulos asiáticos y latinoamericanos hasta completar más de setenta películas en ese período de tiempo.

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7mar/140

On connaît Alain Resnais

Publicado por: Quim

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Más joven que el centenario Manoel de Oliveira, pero ocho años mayor que Jean-Luc Godard y Clint Eastwood y trece más que Woody Allen, Alain Resnais siguió trabajando firmemente hasta el final en su idea de un cine donde se mezclara la ficción, la representación, el teatro, la memoria, la historia, la cultura popular y diversas estrategias narrativas.

Fallecido el pasado 1 de marzo, a la edad de noventa y un años, Resnais venía de presentar apenas tres semanas antes su última película en el festival de Berlín, Aimer, boire et chanter, y estaba enfrascado en un nuevo proyecto en el que muy posiblemente habrían repetido sus actores habituales de los últimos años, su esposa Sabine Azéma, Pierre Arditi y André Dussollier. Arditi, en declaraciones después de conocerse la noticia de la muerte de Resnais, fue quien mejor definió al director de Hiroshima mon amour: “No hay nada menos parecido a un film de Resnais que otro film de Resnais. Intentó siempre no copiar lo que ya había hecho”.

De ahí la gran riqueza de una obra en la que memoria, historia e invención se fundieron más allá de los terrenos de la ficción cinematográfica. Resnais realizó su primer largometraje, Hiroshima mon amour, en 1959, el año de la eclosión de la Nouvelle Vague y el resto de nuevos cines. Siendo participe de aquel cambio y evolución, fue más un compañero de viaje de la nueva ola francesa que una figura representativa de la misma.

Antes de su film sobre la memoria de la guerra y la hecatombe atómica escrito por Marguerite Duras, Resnais ya había realizado cortometrajes documentales de la importancia de Guernica (1950), una reflexión sobre la guerra civil española a partir del lienzo de Picasso; Las estatuas también mueren (1953), sobre el arte africano y su interpretación por la cultura occidental; Noche y niebla (1955), la mejor película posible en torno a la barbarie de los campos de exterminio nazis, y Toda la memoria del mundo (1956), una preciosa y precisa descripción cinematográfica de la Biblioteca Nacional Francesa convertida en fantasiosa ficción sobre su gran tema, la memoria histórica y la memoria personal.

Resnais fue el cineasta de los laberintos de la mente –El año pasado en Marienbad (1961), Muriel (1963), Providence (1976), La vie est un roman (1983), L’amour à mort (1984)–, de la reflexión histórica –La guerra ha terminado (1966) y Stavisky (1973), sus dos películas con guión de Jorge Semprún– y uno de los grandes renovadores de la relación entre cine y teatro –Smoking/No Smoking (1993), Pas su la bouche (2003), Asuntos privados en lugares públicos (2006), Vous n’avez encore rien vu (2012)–, pero también un artista interesado enormemente por la cultura popular y el espectro lúdico que representaba en el arte de la ficción.

Le gustaba mucho el cómic de Mandrake el mago (como a Fellini) y las novelas de misterio de Harry Dickson, realizó muy joven un cortometraje inédito sobre Fantômas, trabajó con el autor de cómics Jules Feifer y el compositor de musicales Adolph Green en I Want to Go Home (1989), le encargó al dibujante Enki Bilal los fantasiosos decorados de La vie est un roman y el cartel promocional de Mi tío de América (1980), colaboró estrechamente con el estilizado ilustrador Floc’h –con quien compartía el gusto por los relatos británicos de misterio y el blitz–, se aventuró por los caminos de la ciencia-ficción y las máquinas del tiempo en Te amo, te amo (1968) –clarísimo precedente de ¡Olvídate de mí! de Michel Gondry y Charlie Kaufman y otra vuelta de tuerca al tema de la memoria– y realizó una memorable incursión en el cine musical con On connaît la chanson (1997), un relato construido a partir de algunas significativas piezas de la chanson francesa.

Resnais compitió en el festival de San Sebastián en 1968 con la más inclasificable de sus obras, Te amo, te amo, y su intérprete principal, Claude Rich, ganó el premio San Sebastián al mejor actor exaequo con Sidney Poitier por la película de Daniel Mann Un hombre para Ivy. Previamente, en la sección informativa del festival en su edición de 1964, se proyectó Muriel, y en la edición de 1980 se presentó también Mi tío de América, peculiar ilustración cinematográfica de las teorías sobre el comportamiento humano del biólogo y filósofo Henri Laborit.

 

9abr/130

Todos estuvieron aquí

Publicado por: Roberto

Decía Woody Allen que hay que saber distinguir entre lo malo y lo horrible, y, de la misma manera, hay que distinguir entre semanas malas (todas las que empiezan un lunes a las 8 de la mañana camino del trabajo) y semanas nefastas. Esta última semana ha sido verdaderamente nefasta y triste. En siete días hemos perdido importantes iconos de nuestra memoria cinéfila.  En siete días nos han dejado Jesús FrancoMarivi Bilbao, Bigas Luna y Sara Montiel. Poco podemos añadir desde aquí a todo lo que se ha dicho y escrito sobre ellos, así que vamos a limitarnos a recordarlos como mejor podemos hacer, cuando nos visitaron en el Festival. Porque todos ellos pasaron por aquí.

En 1958, el director Anthony Mann, un peso pesado de Hollywood, visitó el Festival como miembro del jurado. Y como todo el mundo sabe, por aquel entonces Sara Montiel, totalmente volcada en su carrera en Hollywood, era su glamurosa esposa. Así que también nos visitó ella, como prueban estas fotos de la época. Por cierto que en aquella 6ª edición del Festival, los ganadores de la Concha de Plata al mejor director fueron (ex aequo) Mario Monicelli (por Rufufú) y Alfred Hitchcock (por Vértigo) y los premiados como mejores actor (también ex aequo) nada más y nada menos que Kirk Douglas (por Los vikingos) y James Stewart (por Vértigo). Y la mención especial al mejor cortometraje se lo llevó un joven director que empezaba a despuntar y se llamaba... Carlos Saura. En cuanto a Jesús Franco, seguramente sea especialmente recordado y querido por los fieles espectadores de la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián, pero ¿alguien se acordaba de que fue premiado en el Zinemaldi muchos años antes? En la 8ª edición (1960), un Jesús Franco que aún no había dado el salto al largo, se llevaba el Premio Perla del Cantábrico al Mejor Cortometraje por su documental Estampas guipuzcoanas nº2: Pío Baroja. Franco pudo ser un irreverente dinamitero en la historia del cine español, pero también era un hombre que amaba la literatura y que hacía gala de una gran erudición. Sus documentales han caído en el olvido, así que habría que ponerse algún día a rescatarlos.

Bigas Luna también conocía bien el Festival de San Sebastián. De hecho, en la 41 edición (1993) ganó el Premio Especial del Jurado con su película Huevos de oro, y en la 47 (1999) volvió a competir en la sección oficial con Volavérunt. Yo no tenía entonces nada que ver con este Festival, pero, según escribo esto, me encuentro con la entrada en el blog de una antigua colaboradora nuestra, Nuria Vidal, que sí mantuvo una buena relación personal con él. Así que mejor leed su blog. Y, last but not least, Marivi Bilbao, una actriz especialmente querida en el Festival de San Sebastián. Una veterana reivindicada por toda una generación de jóvenes directores vascos (Álex de la Iglesia, Borja Cobeaga, Pablo Berger, Jose Mari Goenaga, Daniel Calparsoro), que la convirtieron en todo un icono de referencia en nuestro cine. En la 56 edición (2008), Mariví Bilbao recibió durante la Gala del Cine Vasco, el Premio Amalur a toda su carrera. Ahí va otra foto para el recuerdo.

16ene/130

Adiós, Mr. Oshima

Publicado por: Roberto

Cuando nos comunicaron que Nagisa Oshima no podría estar en San Sebastián en septiembre para presentar la retrospectiva que le dedicamos debido a su "delicado estado de salud", no podíamos imaginarnos que nuestro entusiasta reconocimiento a su filmografía acabaría siendo póstumo. Hoy la reivindicación de su obra se hace más necesaria que nunca, porque, tras una efímera popularidad en la década de los 70, Oshima había quedado un tanto relegado al olvido y él mismo se había sumido en un discreto retiro desde que rodara su última (y gran) película en 1999.

Los lectores de este blog intermitente y perezoso saben que soy de la opinión de que las películas se explican mejor por sí mismas que cualquier texto laudatorio hablando de ellas. Además, en septiembre, los espectadores del Festival tendrán en sus manos el estupendo libro que está coordinando Quim Casas, y ahí va a quedar perfectamente explicada la gran aportación de Oshima al cine moderno. Así que, siguiendo mi costumbre, prefiero hacerle este pequeño homenaje personal con una galería de trailers de sus películas. Por supuesto, todas ellas las podréis ver en el ciclo que estamos preparando para septiembre.

Oshima comenzó su carrera en el estudio Shochiku, uno de los más poderosos de Japón, en una época (finales de los 50) en que los productores  descubrieron que las películas sobre jóvenes rebeldes eran baratas de hacer y funcionaban bien en taquilla. Sobre eso trata el film de Oshima Historias crueles de juventud, protagonizado por una joven pareja que vive del chantaje. Lejos del tono moralizante que a veces tenían estos films juveniles, el de Oshima es un contundente retrato de una generación que rechaza el mundo de sus mayores y que anticipa los movimientos contestatarios de la década siguiente.

En 1960 Oshima rodó otra película para Shochiku titulada Night and Fog in Japan, y ahí ya dejó clara cuál era su verdadera vocación: ser el cronista político del Japón de su tiempo. Es una cinta opresiva, claustrofóbica y desencantada, con delirantes y enloquecidos movimientos de cámara, acerca de las tensiones políticas en el mundo estudiantil japonés de los 60. A Shochiku no le gustó  la película, ya que no encajaba con el tipo de producciones que prefería hacer, y decidió no estrenarla. En vista de ello, Oshima abandonó el estudio para hacerse productor independiente.

Nunca se nos ocurriría relacionar a Oshima con el anime japonés, pero lo cierto es que él también hizo una película de animación: Tales of the Ninja o Band of the Ninja. Eso sí, es una muy poco convencional adaptación de un manga que es todo un reto a quienes aún desprecian el anime japonés por su falta de dinamismo: Oshima reiventa el cine de animación a través del estatismo.

No son muchas las películas de Oshima que se estrenaron en España, pero al menos sí llegó a nuestras pantallas El muchacho, uno de sus títulos más conmovedores. Basado en un extraño suceso real, el film sigue las peripecias de un niño al que sus padres utilizan en un turbio "negocio", y es otra certera indagación del director en la estructura familiar y en los males endémicos de la sociedad japonesa de la época.

Y con él llegó el escándalo: El imperio de los sentidos fue objeto de censura y llevó a Oshima a los tribunales por saltarse uno de los grandes tabués del cine japonés, mostrar genitales en la pantalla. También lo hizo famoso en todo el mundo. Afirma Wikipedia que "cuando fue estrenada en Estados Unidos, la venta de huevos se incrementó inesperadamente", un dato que no sé hasta qué punto es fidedigno, pero que dice mucho de la condición humana (y de la gente que redacta la Wikipedia).  Más allá de la anécdota, la película es todo un emblema del cine de Oshima y de su idea del sexo como cómo una poderosa fuerza revolucionaria. Volver a verla en pantalla grande en el Festival demostrará que no ha perdido nada de su poderío.

Allá por los años 80, en los lejanos tiempos en que David Bowie era mucho más popular que Michael Jackson, Feliz Navidad Mr. Lawrence fue todo un acontecimiento, aunque no sé por qué las nuevas generaciones han olvidado esta película. Lo que podría entenderse como una especie de remake de El puente sobre el río Kwai (las duras condiciones de vida de los prisioneros de guerra británicos en un campo de concentración japonés) se convirtió en manos de Oshima en otra fábula sobre los extraños sitios a los que nos puede llevar el deseo y la búsqueda de la belleza. La otra estrella del film era Ryuichi Sakamoto, entonces otro ídolo de masas en Japón, quien también compuso esa música que tanto ayudó a la popularidad del film.

Oshima se despidió del cine con Tabú, una película que pasó más bien desapercibida en España, aunque no había ninguna razón para ello. Más bien al contrario, porque es un refinado, sutil y elegante relato sobre la vida cotidiana de los samuráis que contesta a lo que nadie se atrevía a preguntar: ¿acaso no era habitual la homosexualidad entre tanta katana? A los 67 años de edad, Oshima volvía a desafiar los límites de lo que se podía contar para hacer una película joven, viva y, sobre todo, muy hermosa.

Me voy con una despedida, un último homenaje a la memoria de Oshima. Un director que el próximo septiembre estará más vivo que nunca con sus películas en San Sebastián. Pero la música expresa mejor estas cosas que las palabras, así que os dejo con Ryuichi Sakamoto interpretando al piano su tema de Feliz Navidad Mr. Lawrence.

22oct/120

¿El último independiente?

Publicado por: Roberto

El pasado 10 de octubre el Festival de Sitges (un certamen ya imprescindible para cinéfilos de toda clase y condición) me invitaba a presentar dentro de su sección "Seven Chances" un contundente, intenso y furioso film de Koji Wakamatsu titulado Caterpillar. Dije entonces que Wakamatsu, a sus 76 años de edad, seguía siendo un hiperactivo director que hacía gala de un asombrosa vitalidad. Seis días más tarde, me entero del fallecimiento de Wakamatsu y mi primera reacción es pensar que ya me podía haber estado yo callado. Pero luego averiguo que Wakamatsu no murió por culpa de la edad ni una enfermedad, sino arrollado por un taxi en las calles de Tokio: una muerte trágica y absurda que, sin embargo, demuestra que solo un azar estúpido y aciago podía haberse llevado de este mundo a un cineasta que siempre lo desafió con uñas y dientes a través de sus inclasificables,  violentas,  eróticas y nada complacientes películas.

Wakamatsu visitó el Festival de San Sebastián en 2008 para presentar una de sus películas, que habíamos incluido en nuestra retrospectiva Japón en Negro. Se trataba de Shinjuku Mad, que él consideraba una de sus trabajos favoritos porque, según confesó, al contar la historia de un padre que buscaba al asesino de su hijo en el barrio de Shinjuku,  "trataba de encontrarme a mí mismo". El principio del film es toda una declaración de principios del estilo de Wakamatsu, libre de todo convencionalismo narrativo.

Wakamatsu siempre se movió en los terrenos del cine de consumo (sus incursiones en el pinku eiga, o cine erótico que se producía como churros en el Japón de los años 60-70) o de bajo presupuesto, pero eso le permitió desarrollar un discurso agresivo, militante y siempre polémico. Pero prefiero reproducir algunas citas suyas (tomadas de la entrevista incluida en el muy recomenable libro de Chris D. Outlaw Masters of Japanese Film) ilustradas por clips de sus películas. Es un precioso testimonio de cómo se hacían películas en una época en que no había escuelas de cine ni subvenciones. La escuela de Wakamatsu, como se verá, fue más bien la de la vida, y, si bien algunas de sus experiencias no se las recomiendo a ningún joven aspirante a director, es evidente que nutrieron la fuerza insobornable de su cine.

I. "En el barrio de Shinjuku conocí a un jefe de la mafia y me acabé convirtiendo en miembro de su banda. En aquel entonces si alguien quería rodar una película en Shinjuku tenía que pedir permiso a la yakuza. Y si eras un miembro de una banda que estaba encargada de vigilar los rodajes, lo único que tenías que hacer era estarte al lado de la cámara mientras ellos rodaban y supervisarlo todo. A mí me pagaba mi jefe, a quien pagaba el equipo que rodaba la película. Fue así cómo entré en contacto con el cine. Después me arrestaron por "falsa apropiación de dinero", considerado como un delito de hurto. Me encerraron en la cárcel por seis meses, y la policía me pegaba palizas y me molestaba todo el tiempo. Así que me dije: '¿Cómo puedo responder a esta gente? ¡Exprésate!' (...) Cuando salí de la cárcel le pedí a mi jefe que me dejara salir de la banda, y él me dejó ir (...) Fui a ver a un productor que había conocido cuando trabajaba en los rodajes y me arrodillé en su puerta diciéndole: 'Por favor, admítame como pupilo'.  Y así empecé en el mundo de la produccción."

II. "La inspiración para mi película The Embryo Hunts in Secret vino de mi edificio de apartamentos. Cuando me despertaba por las mañanas tenía la costumbre de abrir las ventanas. Me encantan los espacios claustrofóbicos y que me liberen de ellos. Llovía a mares porque era la temporada de lluvias. Y mientras miraba la lluvia, se me ocurrió rodar una película íntegramente en mi habitación. No tendría que preocuparme de la lluvia y saldría muy barato. Un montón de imágenes vinieron a mi mente. Yo soy bueno con las imágenes, pero no so sé escribirlas, porque no tengo estudios. Así que llamé a mi guionista, Masao Adachi, y le dije: 'Vamos a vernos, tengo una gran idea'. Vino por la tarde, nos fuimos a beber a un garito  y le conté mis ideas (...) La noche siguiente vino con el guión escrito y lo leí. Era muy interesante, pero había cosas que costaban mucho dinero, como, como paredes que explotaban y pájaros volando en el interior. Le dije: 'No puedo destrozar mi apartamento, tío'. Captó el mensaje. No había máquinas fotocopiadoras entonces, así que rompió el guión y lo tiró a la basura. 'Vuelvo mañana', me dijo. Volvió con otra versión que se convirtió en la película. Pintamos todas las paredes de mi apartamento de blanco. Junté al equipo y los actores y les ordené que no salieran del apartamento hasta que termináramos el rodaje: 'Dormiréis aquí, os cocinaré y alimentaré hasta que terminemos'. Éramos como refugiados viviendo allí. Rodamos toda la película en una semana (...)"

III. "Me echaron de mi apartamento después de pintar las paredes para rodar The Embryo Hunts in Secret, así que tuve que mudarme. Me fui a un edificio con una azotea a la que se podía subir, y me gustaba ir allí a relajarme y hacer ejercicio. Un día que estaba allí pensé: '¡Puedo hacer una película aquí'. Imaginé una escena de un poema que estaba leyendo, "Primavera" de Adachi. Le dije a Adachi que pensara sobre el poema y la azotea y de ahí saldría la película, Go Go, Second Time Virgin. A las chicas jóvenes, por alguna razón, les gusta mucho esta película, pero fue otra de esas que hicimos en cuatro días".

IV. "Un distribuidor me contactó para hacer una película [Secret Acts Within Four Walls]. Escribí varios guiones para ellos, pero los rechazaron todos. Pensé: '¡Que les den!'. Escribí un guión con un montón de chicas desnudas y gente enamorada, y les gustó mucho. Me dieron el dinero para empezar la producción, pero yo tenía preparado un guión diferente. Una vez que empiezas a rodar, la película es tuya. Cuando vieron el copión de trabajo se enfadaron y dijeron: "¡Esto es un fraude! No es el guión, no podemos exhibir esto en ningún cine' (...) Afortunadamente, un tipo alemán buscaba películas para el Festival de Cine de Berlín y dijo que la quería. De todas las películas japonesas que fueron presentadas al Festival de Berlín ese año, la mía fue la única seleccionada".

V. "Creo que hacer películas es como hacer juguetes. Cuando eres pequeño haces juguetes, y te juntas con los otros chicos del barrio para enseñárselos. Y a veces dices: 'Mola, ahora enséñame el tuyo'. Siento la necesidad de seguir haciendo eso, de ser infantil. Muchas veces la gente me dice: '¡Eres un crío!'. Pero si pierdes tu naturaleza infantil, pierdes tus verdaderas emociones. Tienes que ser honesto y libre a la hora de crear cosas".

 

23abr/120

El futuro de los festivales de cine

Publicado por: Roberto

La semana pasada Fundación Mapfre, que ha creado el interesante Festival 4+1 y  que es colaboradora del Zinemaldia en diferentes actividades, organizó en Madrid el pasado 18 de abril el encuentro Festivales de cine: Una mirada al futuro. Diferentes profesionales del sector audio visual se reunieron  en las mesas redondas y en el auditorio, en una convocatoria superó las expectativas de los organizadores.  La verdad es que este es un momento complicado para los festivales de cine, tanto por problemas presupuestarios (cómo sobrevivir en  tiempos de  crisis económica) como tecnológicos (el impacto de las nievas tecnologías en los hábitos de consumo de los espectadores).

José Luis Rebordinos y José Luis Cienfuegos, ex director del Festival de Cine de Gijón

27feb/120

Sin palabras

Publicado por: Roberto

El título de este post tiene que ver con The Artist, pero no porque esté boquiabierto ante todos los premios que se ha llevado este fin de semana (algo que ya se sospechaba desde hace tiempo, visto el Premio del Público en San Sebastián y  la recepción que está teniendo la película en todas partes);  lo de "sin palabras" viene porque, pensando en el sorprendente hecho de que el gran acontecimiento cinematográfico del año haya sido una película en blanco y negro y muda, he empezado a recordar otras películas sonoras mudas. No tiene por que ser algo contradictorio: en la época del cine mudo no escuchábamos las voces de los actores debido a un simple problema tecnológico, pero los intertítulos de estas películas ponen en evidencia que el cine quería hablar. Sin embargo, en plena época del sonoro hubo cineastas con ideas claras (y algunos muy cabezotas) que optaron por suprimir los diálogos y reducir la banda sonora de sus películas a música y sonidos. En algunos casos se trataba de recuperar cierta inocencia del cine mudo (como hace The Artist), pero en otros la operación obedece más bien a la voluntad de contar un relato sin necesidad de recurrir al diálogo. La oferta es variada y más amplia de lo que podríamos pensar, pero aquí os dejo algunas de mis favoritas, ahora que parece que las películas mudas vuelven a ponerse de moda.

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4feb/122

Gazzara… y Cassavetes y Falk

Publicado por: Quim

Ben Gazzara, fallecido el pasado 3 de febrero a causa de un cáncer de páncreas, será recordado por ser un buen secundario en producciones estadounidenses y un buen protagonista, desde principios de los años 80, en películas europeas como Ordinaria locura (1981), de Marco Ferreri. Pero lo más destacado de su larga trayectoria, iniciada en la televisión en 1952 y poco después en el cine –Anatomía de un asesinato (1959), de Otto Preminger, es su primer trabajo destacado– es sin ningún tipo de dudas la excelente asociación que estableció con el independiente John Cassavetes. Gazzara, Peter Falk y el propio Cassavetes, trío torrencial donde los haya, fueron los tres protagonistas de una película esencial de Cassavetes, Maridos (1970), en la que la ficción y las experiencias propias se mezclaban de forma extraordinaria.

Falk y Gazzara se convirtieron desde entonces en los grandes compañeros de viaje de Cassavetes. Falk caló en la memoria popular por su papel de Colombo en la serie televisiva del mismo título, pero siempre fue fiel al “estilo Cassavetes”, trabajando de nuevo a sus órdenes en Una mujer bajo la influencia y Un hombre en apuros. Gazzara hizo lo mismo en The killing of a chinese bookie (1976) y Opening night (1977), particulares y densas reescrituras del género negro y del drama con fondo teatral. Ante la cámara de su amigo Cassavetes, Gazzara se crecía, mostraba su talento para el drama, toda la rabia controlada (herencia de su paso por el Actor’s Studio) y su innata capacidad para la ironía. Todo eso, y algunas cosas más, fue reconocido por el Festival de San Sebastián en 2005, cuando se le otorgó el Premio Donostia.

Falk murió el mes de junio de 2011. Cassavetes había fallecido en 1989, y también el 3 de febrero. El fin de toda una época, de la verdadera independencia cinematográfica. Los tres protagonistas de Maridos, filme clave para el cine independiente, ya no están entre nosotros, y con la muerte de Gazzara, el último representante de una forma concreta de trabajar en camaradería, llevando a la pantalla la experiencia propia simulando que se trata de una historia de ficción, concluye esa época.

Gazzara y Cassavetes hicieron más cosas juntos, como coincidir en el reparto de Capone (1975), una producción de Roger Corman en la que el alumno le ganó al maestro: Cassavetes tenía un personaje secundario de matón, mientras que Gazzara dio vida al mismísimo Al Capone. Gazzara fue siempre un rostro ideal para el cine de gánsteres. Buena parte de su carrera se adscribe al cine negro, aunque siempre con títulos e interpretaciones matizadas, lejos del lugar común del género.

Capone es un buen ejemplo, al igual que Saint Jack, el rey de Singapur (1979), otra producción de Corman, esta vez dirigida por Peter Bogdanovich, en la que Gazzara brilló en el papel de un escéptico americano que regenta un burdel en Singapur; a las órdenes de Cassavetes había dirigido un local de striptease en The kiling of a chinese bookie. En los personajes al límite, en claroscuro, se sintió siempre cómodo. Algunos de sus trabajos italianos son un buen ejemplo: Ordinaria locura o Il camorrista (de Giuseppe Tornatore), en el papel de un recluso que se hace con el control de un penal. Bogdanovich, de nuevo, potenció su lado más amable y divertido: Todos rieron (1981), significativo título, al lado de Audrey Hepburn.

1feb/120

Theo Angelopoulos: un día, la eternidad

Publicado por: Quim

La eternidad se reduce a veces a un simple día. Theo Angelopoulos, que había presentado en el festival de San Sebastián dos de sus películas más preciadas, La mirada de Ulises (1995) y La eternidad y un día (1998), cruzó una carretera que no debía cruzar, en las afueras de Atenas, y un motorista lo atropelló y le provocó una hemorragia cerebral que no pudo superar. El tópico dirá que murió al pie del cañón, ya que se encontraba supervisando localizaciones para la que se había anunciado como su película-testamento. Una pirueta negra del destino, una cruel paradoja: Angelopoulos no ha podido rodar el filme con el que había decidido despedirse del cine.

La eternidad de un cineasta son sus películas. Angelopoulos se fue en un día, en unas horas, las que transcurrieron desde el accidente hasta su ingreso en el hospital. En La eternidad y un día relató la historia de un escritor enfermo que, en el ocaso forzoso de su existencia, decide comprometerse con los demás después de arrastrar la culpa de comprometerse solo consigo mismo. La muerte estaba presente de un modo u otro en cada plano de aquella película, una muerte que era asumida de manera tranquila, como el desenlace inevitable que tampoco, en otras circunstancias, Angelopoulos pudo sortear.

Parece ser que le expulsaron de la escuela de cine de París, IDHEC, por tener ideas de lo más radical en cuanto al cine. Su radicalidad, en todo caso, apareció con su forma de medir el tiempo cinematográfico, de filmar y encuadrar los actos y los gestos de manera parsimoniosa, como aletargando los planos más de lo debido para crear un estado de ánimo concreto en el espectador.

El plano-secuencia fue una de sus herramientas, y la confrontación con la Historia, fuera en tiempos de exterminios nazis –en El viaje de los comediantes (1975)– o radiografiando al bisturí la situación actual de su país, pero también, como viene haciendo Manoel de Oliviera desde hace años y hacía igualmente el fallecido Raúl Ruiz, el trabajo-confrontación con estrellas cinematográficas como Marcello Mastroianni, con quien trabajó en El apicultor (1986) y El paso suspendido de las cigüeñas (1991); Bruno Ganz, el escritor enfermo de La eternidad y un día, o Harvey Keitel, convertido en el cineasta griego que viaja por los convulsos Balcanes de La mirada de Ulises, una de las obras-clave del cine contemporáneo, la gran odisea del cine moderno.

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27ene/121

El cine según Franju

Publicado por: Roberto

No creo que haga mucha falta justificar el ciclo dedicado a Georges Fanju que hemos anunciado hoy, pero puede ser oportuno presentárselo a quienes no lo conozcan bien, o incluso a quienes no habían oído hablar nunca de él. Al fin y al cabo, aunque Franju fue contemporáneo de cineastas franceses como Truffaut, Godard, Chabrol o Resnais, su obra es muchísimo menos conocida que la de todos ellos. Solo cuatro de sus nueve largometrajes fueron estrenados en las salas de cine españolas y solo uno de ellos ha sido editado en nuestro país en dvd. Pero en lugar de plantear la presentación biográfico-filmográfica al uso, prefiero dejar que hable el propio Franju con sus escritos y sus películas. Aquí os dejo una colección de citas suyas que explican bastante bien sus ideas sobre el cine, bien acompañadas de unos fragmentos de las películas que podrán verse en Zinemaldia. Para ir abriendo boca, más que nada.