El blog del Festival
9abr/130

Todos estuvieron aquí

Publicado por: Roberto

Decía Woody Allen que hay que saber distinguir entre lo malo y lo horrible, y, de la misma manera, hay que distinguir entre semanas malas (todas las que empiezan un lunes a las 8 de la mañana camino del trabajo) y semanas nefastas. Esta última semana ha sido verdaderamente nefasta y triste. En siete días hemos perdido importantes iconos de nuestra memoria cinéfila.  En siete días nos han dejado Jesús FrancoMarivi Bilbao, Bigas Luna y Sara Montiel. Poco podemos añadir desde aquí a todo lo que se ha dicho y escrito sobre ellos, así que vamos a limitarnos a recordarlos como mejor podemos hacer, cuando nos visitaron en el Festival. Porque todos ellos pasaron por aquí.

En 1958, el director Anthony Mann, un peso pesado de Hollywood, visitó el Festival como miembro del jurado. Y como todo el mundo sabe, por aquel entonces Sara Montiel, totalmente volcada en su carrera en Hollywood, era su glamurosa esposa. Así que también nos visitó ella, como prueban estas fotos de la época. Por cierto que en aquella 6ª edición del Festival, los ganadores de la Concha de Plata al mejor director fueron (ex aequo) Mario Monicelli (por Rufufú) y Alfred Hitchcock (por Vértigo) y los premiados como mejores actor (también ex aequo) nada más y nada menos que Kirk Douglas (por Los vikingos) y James Stewart (por Vértigo). Y la mención especial al mejor cortometraje se lo llevó un joven director que empezaba a despuntar y se llamaba... Carlos Saura. En cuanto a Jesús Franco, seguramente sea especialmente recordado y querido por los fieles espectadores de la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián, pero ¿alguien se acordaba de que fue premiado en el Zinemaldi muchos años antes? En la 8ª edición (1960), un Jesús Franco que aún no había dado el salto al largo, se llevaba el Premio Perla del Cantábrico al Mejor Cortometraje por su documental Estampas guipuzcoanas nº2: Pío Baroja. Franco pudo ser un irreverente dinamitero en la historia del cine español, pero también era un hombre que amaba la literatura y que hacía gala de una gran erudición. Sus documentales han caído en el olvido, así que habría que ponerse algún día a rescatarlos.

Bigas Luna también conocía bien el Festival de San Sebastián. De hecho, en la 41 edición (1993) ganó el Premio Especial del Jurado con su película Huevos de oro, y en la 47 (1999) volvió a competir en la sección oficial con Volavérunt. Yo no tenía entonces nada que ver con este Festival, pero, según escribo esto, me encuentro con la entrada en el blog de una antigua colaboradora nuestra, Nuria Vidal, que sí mantuvo una buena relación personal con él. Así que mejor leed su blog. Y, last but not least, Marivi Bilbao, una actriz especialmente querida en el Festival de San Sebastián. Una veterana reivindicada por toda una generación de jóvenes directores vascos (Álex de la Iglesia, Borja Cobeaga, Pablo Berger, Jose Mari Goenaga, Daniel Calparsoro), que la convirtieron en todo un icono de referencia en nuestro cine. En la 56 edición (2008), Mariví Bilbao recibió durante la Gala del Cine Vasco, el Premio Amalur a toda su carrera. Ahí va otra foto para el recuerdo.

16ene/130

Adiós, Mr. Oshima

Publicado por: Roberto

Cuando nos comunicaron que Nagisa Oshima no podría estar en San Sebastián en septiembre para presentar la retrospectiva que le dedicamos debido a su "delicado estado de salud", no podíamos imaginarnos que nuestro entusiasta reconocimiento a su filmografía acabaría siendo póstumo. Hoy la reivindicación de su obra se hace más necesaria que nunca, porque, tras una efímera popularidad en la década de los 70, Oshima había quedado un tanto relegado al olvido y él mismo se había sumido en un discreto retiro desde que rodara su última (y gran) película en 1999.

Los lectores de este blog intermitente y perezoso saben que soy de la opinión de que las películas se explican mejor por sí mismas que cualquier texto laudatorio hablando de ellas. Además, en septiembre, los espectadores del Festival tendrán en sus manos el estupendo libro que está coordinando Quim Casas, y ahí va a quedar perfectamente explicada la gran aportación de Oshima al cine moderno. Así que, siguiendo mi costumbre, prefiero hacerle este pequeño homenaje personal con una galería de trailers de sus películas. Por supuesto, todas ellas las podréis ver en el ciclo que estamos preparando para septiembre.

Oshima comenzó su carrera en el estudio Shochiku, uno de los más poderosos de Japón, en una época (finales de los 50) en que los productores  descubrieron que las películas sobre jóvenes rebeldes eran baratas de hacer y funcionaban bien en taquilla. Sobre eso trata el film de Oshima Historias crueles de juventud, protagonizado por una joven pareja que vive del chantaje. Lejos del tono moralizante que a veces tenían estos films juveniles, el de Oshima es un contundente retrato de una generación que rechaza el mundo de sus mayores y que anticipa los movimientos contestatarios de la década siguiente.

En 1960 Oshima rodó otra película para Shochiku titulada Night and Fog in Japan, y ahí ya dejó clara cuál era su verdadera vocación: ser el cronista político del Japón de su tiempo. Es una cinta opresiva, claustrofóbica y desencantada, con delirantes y enloquecidos movimientos de cámara, acerca de las tensiones políticas en el mundo estudiantil japonés de los 60. A Shochiku no le gustó  la película, ya que no encajaba con el tipo de producciones que prefería hacer, y decidió no estrenarla. En vista de ello, Oshima abandonó el estudio para hacerse productor independiente.

Nunca se nos ocurriría relacionar a Oshima con el anime japonés, pero lo cierto es que él también hizo una película de animación: Tales of the Ninja o Band of the Ninja. Eso sí, es una muy poco convencional adaptación de un manga que es todo un reto a quienes aún desprecian el anime japonés por su falta de dinamismo: Oshima reiventa el cine de animación a través del estatismo.

No son muchas las películas de Oshima que se estrenaron en España, pero al menos sí llegó a nuestras pantallas El muchacho, uno de sus títulos más conmovedores. Basado en un extraño suceso real, el film sigue las peripecias de un niño al que sus padres utilizan en un turbio "negocio", y es otra certera indagación del director en la estructura familiar y en los males endémicos de la sociedad japonesa de la época.

Y con él llegó el escándalo: El imperio de los sentidos fue objeto de censura y llevó a Oshima a los tribunales por saltarse uno de los grandes tabués del cine japonés, mostrar genitales en la pantalla. También lo hizo famoso en todo el mundo. Afirma Wikipedia que "cuando fue estrenada en Estados Unidos, la venta de huevos se incrementó inesperadamente", un dato que no sé hasta qué punto es fidedigno, pero que dice mucho de la condición humana (y de la gente que redacta la Wikipedia).  Más allá de la anécdota, la película es todo un emblema del cine de Oshima y de su idea del sexo como cómo una poderosa fuerza revolucionaria. Volver a verla en pantalla grande en el Festival demostrará que no ha perdido nada de su poderío.

Allá por los años 80, en los lejanos tiempos en que David Bowie era mucho más popular que Michael Jackson, Feliz Navidad Mr. Lawrence fue todo un acontecimiento, aunque no sé por qué las nuevas generaciones han olvidado esta película. Lo que podría entenderse como una especie de remake de El puente sobre el río Kwai (las duras condiciones de vida de los prisioneros de guerra británicos en un campo de concentración japonés) se convirtió en manos de Oshima en otra fábula sobre los extraños sitios a los que nos puede llevar el deseo y la búsqueda de la belleza. La otra estrella del film era Ryuichi Sakamoto, entonces otro ídolo de masas en Japón, quien también compuso esa música que tanto ayudó a la popularidad del film.

Oshima se despidió del cine con Tabú, una película que pasó más bien desapercibida en España, aunque no había ninguna razón para ello. Más bien al contrario, porque es un refinado, sutil y elegante relato sobre la vida cotidiana de los samuráis que contesta a lo que nadie se atrevía a preguntar: ¿acaso no era habitual la homosexualidad entre tanta katana? A los 67 años de edad, Oshima volvía a desafiar los límites de lo que se podía contar para hacer una película joven, viva y, sobre todo, muy hermosa.

Me voy con una despedida, un último homenaje a la memoria de Oshima. Un director que el próximo septiembre estará más vivo que nunca con sus películas en San Sebastián. Pero la música expresa mejor estas cosas que las palabras, así que os dejo con Ryuichi Sakamoto interpretando al piano su tema de Feliz Navidad Mr. Lawrence.

22oct/120

¿El último independiente?

Publicado por: Roberto

El pasado 10 de octubre el Festival de Sitges (un certamen ya imprescindible para cinéfilos de toda clase y condición) me invitaba a presentar dentro de su sección "Seven Chances" un contundente, intenso y furioso film de Koji Wakamatsu titulado Caterpillar. Dije entonces que Wakamatsu, a sus 76 años de edad, seguía siendo un hiperactivo director que hacía gala de un asombrosa vitalidad. Seis días más tarde, me entero del fallecimiento de Wakamatsu y mi primera reacción es pensar que ya me podía haber estado yo callado. Pero luego averiguo que Wakamatsu no murió por culpa de la edad ni una enfermedad, sino arrollado por un taxi en las calles de Tokio: una muerte trágica y absurda que, sin embargo, demuestra que solo un azar estúpido y aciago podía haberse llevado de este mundo a un cineasta que siempre lo desafió con uñas y dientes a través de sus inclasificables,  violentas,  eróticas y nada complacientes películas.

Wakamatsu visitó el Festival de San Sebastián en 2008 para presentar una de sus películas, que habíamos incluido en nuestra retrospectiva Japón en Negro. Se trataba de Shinjuku Mad, que él consideraba una de sus trabajos favoritos porque, según confesó, al contar la historia de un padre que buscaba al asesino de su hijo en el barrio de Shinjuku,  "trataba de encontrarme a mí mismo". El principio del film es toda una declaración de principios del estilo de Wakamatsu, libre de todo convencionalismo narrativo.

Wakamatsu siempre se movió en los terrenos del cine de consumo (sus incursiones en el pinku eiga, o cine erótico que se producía como churros en el Japón de los años 60-70) o de bajo presupuesto, pero eso le permitió desarrollar un discurso agresivo, militante y siempre polémico. Pero prefiero reproducir algunas citas suyas (tomadas de la entrevista incluida en el muy recomenable libro de Chris D. Outlaw Masters of Japanese Film) ilustradas por clips de sus películas. Es un precioso testimonio de cómo se hacían películas en una época en que no había escuelas de cine ni subvenciones. La escuela de Wakamatsu, como se verá, fue más bien la de la vida, y, si bien algunas de sus experiencias no se las recomiendo a ningún joven aspirante a director, es evidente que nutrieron la fuerza insobornable de su cine.

I. "En el barrio de Shinjuku conocí a un jefe de la mafia y me acabé convirtiendo en miembro de su banda. En aquel entonces si alguien quería rodar una película en Shinjuku tenía que pedir permiso a la yakuza. Y si eras un miembro de una banda que estaba encargada de vigilar los rodajes, lo único que tenías que hacer era estarte al lado de la cámara mientras ellos rodaban y supervisarlo todo. A mí me pagaba mi jefe, a quien pagaba el equipo que rodaba la película. Fue así cómo entré en contacto con el cine. Después me arrestaron por "falsa apropiación de dinero", considerado como un delito de hurto. Me encerraron en la cárcel por seis meses, y la policía me pegaba palizas y me molestaba todo el tiempo. Así que me dije: '¿Cómo puedo responder a esta gente? ¡Exprésate!' (...) Cuando salí de la cárcel le pedí a mi jefe que me dejara salir de la banda, y él me dejó ir (...) Fui a ver a un productor que había conocido cuando trabajaba en los rodajes y me arrodillé en su puerta diciéndole: 'Por favor, admítame como pupilo'.  Y así empecé en el mundo de la produccción."

II. "La inspiración para mi película The Embryo Hunts in Secret vino de mi edificio de apartamentos. Cuando me despertaba por las mañanas tenía la costumbre de abrir las ventanas. Me encantan los espacios claustrofóbicos y que me liberen de ellos. Llovía a mares porque era la temporada de lluvias. Y mientras miraba la lluvia, se me ocurrió rodar una película íntegramente en mi habitación. No tendría que preocuparme de la lluvia y saldría muy barato. Un montón de imágenes vinieron a mi mente. Yo soy bueno con las imágenes, pero no so sé escribirlas, porque no tengo estudios. Así que llamé a mi guionista, Masao Adachi, y le dije: 'Vamos a vernos, tengo una gran idea'. Vino por la tarde, nos fuimos a beber a un garito  y le conté mis ideas (...) La noche siguiente vino con el guión escrito y lo leí. Era muy interesante, pero había cosas que costaban mucho dinero, como, como paredes que explotaban y pájaros volando en el interior. Le dije: 'No puedo destrozar mi apartamento, tío'. Captó el mensaje. No había máquinas fotocopiadoras entonces, así que rompió el guión y lo tiró a la basura. 'Vuelvo mañana', me dijo. Volvió con otra versión que se convirtió en la película. Pintamos todas las paredes de mi apartamento de blanco. Junté al equipo y los actores y les ordené que no salieran del apartamento hasta que termináramos el rodaje: 'Dormiréis aquí, os cocinaré y alimentaré hasta que terminemos'. Éramos como refugiados viviendo allí. Rodamos toda la película en una semana (...)"

III. "Me echaron de mi apartamento después de pintar las paredes para rodar The Embryo Hunts in Secret, así que tuve que mudarme. Me fui a un edificio con una azotea a la que se podía subir, y me gustaba ir allí a relajarme y hacer ejercicio. Un día que estaba allí pensé: '¡Puedo hacer una película aquí'. Imaginé una escena de un poema que estaba leyendo, "Primavera" de Adachi. Le dije a Adachi que pensara sobre el poema y la azotea y de ahí saldría la película, Go Go, Second Time Virgin. A las chicas jóvenes, por alguna razón, les gusta mucho esta película, pero fue otra de esas que hicimos en cuatro días".

IV. "Un distribuidor me contactó para hacer una película [Secret Acts Within Four Walls]. Escribí varios guiones para ellos, pero los rechazaron todos. Pensé: '¡Que les den!'. Escribí un guión con un montón de chicas desnudas y gente enamorada, y les gustó mucho. Me dieron el dinero para empezar la producción, pero yo tenía preparado un guión diferente. Una vez que empiezas a rodar, la película es tuya. Cuando vieron el copión de trabajo se enfadaron y dijeron: "¡Esto es un fraude! No es el guión, no podemos exhibir esto en ningún cine' (...) Afortunadamente, un tipo alemán buscaba películas para el Festival de Cine de Berlín y dijo que la quería. De todas las películas japonesas que fueron presentadas al Festival de Berlín ese año, la mía fue la única seleccionada".

V. "Creo que hacer películas es como hacer juguetes. Cuando eres pequeño haces juguetes, y te juntas con los otros chicos del barrio para enseñárselos. Y a veces dices: 'Mola, ahora enséñame el tuyo'. Siento la necesidad de seguir haciendo eso, de ser infantil. Muchas veces la gente me dice: '¡Eres un crío!'. Pero si pierdes tu naturaleza infantil, pierdes tus verdaderas emociones. Tienes que ser honesto y libre a la hora de crear cosas".

 

23abr/120

El futuro de los festivales de cine

Publicado por: Roberto

La semana pasada Fundación Mapfre, que ha creado el interesante Festival 4+1 y  que es colaboradora del Zinemaldia en diferentes actividades, organizó en Madrid el pasado 18 de abril el encuentro Festivales de cine: Una mirada al futuro. Diferentes profesionales del sector audio visual se reunieron  en las mesas redondas y en el auditorio, en una convocatoria superó las expectativas de los organizadores.  La verdad es que este es un momento complicado para los festivales de cine, tanto por problemas presupuestarios (cómo sobrevivir en  tiempos de  crisis económica) como tecnológicos (el impacto de las nievas tecnologías en los hábitos de consumo de los espectadores).

José Luis Rebordinos y José Luis Cienfuegos, ex director del Festival de Cine de Gijón

27feb/120

Sin palabras

Publicado por: Roberto

El título de este post tiene que ver con The Artist, pero no porque esté boquiabierto ante todos los premios que se ha llevado este fin de semana (algo que ya se sospechaba desde hace tiempo, visto el Premio del Público en San Sebastián y  la recepción que está teniendo la película en todas partes);  lo de "sin palabras" viene porque, pensando en el sorprendente hecho de que el gran acontecimiento cinematográfico del año haya sido una película en blanco y negro y muda, he empezado a recordar otras películas sonoras mudas. No tiene por que ser algo contradictorio: en la época del cine mudo no escuchábamos las voces de los actores debido a un simple problema tecnológico, pero los intertítulos de estas películas ponen en evidencia que el cine quería hablar. Sin embargo, en plena época del sonoro hubo cineastas con ideas claras (y algunos muy cabezotas) que optaron por suprimir los diálogos y reducir la banda sonora de sus películas a música y sonidos. En algunos casos se trataba de recuperar cierta inocencia del cine mudo (como hace The Artist), pero en otros la operación obedece más bien a la voluntad de contar un relato sin necesidad de recurrir al diálogo. La oferta es variada y más amplia de lo que podríamos pensar, pero aquí os dejo algunas de mis favoritas, ahora que parece que las películas mudas vuelven a ponerse de moda.

Etiquetado con: Continúa leyendo
27ene/121

El cine según Franju

Publicado por: Roberto

No creo que haga mucha falta justificar el ciclo dedicado a Georges Fanju que hemos anunciado hoy, pero puede ser oportuno presentárselo a quienes no lo conozcan bien, o incluso a quienes no habían oído hablar nunca de él. Al fin y al cabo, aunque Franju fue contemporáneo de cineastas franceses como Truffaut, Godard, Chabrol o Resnais, su obra es muchísimo menos conocida que la de todos ellos. Solo cuatro de sus nueve largometrajes fueron estrenados en las salas de cine españolas y solo uno de ellos ha sido editado en nuestro país en dvd. Pero en lugar de plantear la presentación biográfico-filmográfica al uso, prefiero dejar que hable el propio Franju con sus escritos y sus películas. Aquí os dejo una colección de citas suyas que explican bastante bien sus ideas sobre el cine, bien acompañadas de unos fragmentos de las películas que podrán verse en Zinemaldia. Para ir abriendo boca, más que nada.

19ene/121

Hay que salir más

Publicado por: Roberto

Como decía el otro día José Luis Rebordinos, nos habíamos propuesto este año que empieza atender más este blog que se ha convertido en un equivalente a las plantas que tiene una azafata de vuelo en su casa: necesitan que las rieguen y nunca hay nadie para atenderlas. Mi tardanza de diecienueve días exactos en hacerlo se debe a que, como las azafatas, también paro poco en casa. Este hecho aparentemente banal me ha dado mucho que pensar.

3sep/110

Carrière y el monje

Publicado por: Roberto

En los festivales de cine  a veces se producen raras casualidades, coincidencias que no estaban previstas por los programadores y que pueden parecer producto de algún plan premeditado. Este año Jean-Claude Carrière, guionista de algunas de las más famosas películas de Luis Buñuel (y de muchísimas más cosas), presentará en Zabaltegi-Especiales el documental Carrière, 250 metros, un recorrido guiado por él mismo por los lugares y personas que han sido de vital importancia en su vida. Mientras tanto, en nuestras nuevas sesiones de medianoche, se proyectará la película de Dominik Moll Le moine / El monje, una cinta de horror gótico protagonizada por Vincent Cassel. En apariencia, dos películas que nada tienen que ver entre sí. Pero hay una historia secreta y muy curiosa que las une.

29ago/112

El regreso de Walter Hill

Publicado por: Roberto

Una de las cosas que más ilusión hacen cuando trabajas en un festival de cine es esa oportunidad de encontrarte con gente que ha sido importante en tu pasado (cinematográficamente hablando, claro, que en otros terrenos más resbaladizos maldita la gracia que hace). Ese sentimiento –que a veces se reviste de un aura un tanto infantil, por qué negarlo– lo tuve cuando hace unas semanas Walter Hill nos confirmaba su visita a San Sebastián para presentar nuestro ciclo de este año, American Way of Death: Cine negro americano 1990-2010. Walter Hill regresa así a San Sebastián treinta años después de que presentara una de sus películas en el Zinemaldia. Walter Hill, nada menos. Asumamos que todo cinéfilo (y también cualquier aficionado) tiene en su cabeza dos historias paralelas del cine: una es la que está en los libros y nos enseñan en las universidades, otra es la nuestra personal, la de los directores y películas que, por un razón u otra, nos han dejado imágenes marcadas a fuego en la memoria. Walter Hill es uno de esos cineastas imprescindibles en la recuerdo cinéfilo de mi generación, criada principalmente con el cine de la segunda mitad de los setenta. Hill significaba para nosotros el perfecto ejemplo de que era posible un cine de acción de calidad, de elegante sobriedad, con un laconismo en la descripción de situaciones y personajes que abría la puerta a todo tipo de sugerencias.

Etiquetado con: Continúa leyendo
30jun/113

Centenario de un cascarrabias

Publicado por: Roberto

Ayer se cumplieron cien años del nacimiento de Bernard Herrmann y estaba pensando en cómo hacerle un pequeño homenaje sin caer en lo que ya todos sabemos: que era el más grande, que las películas sin su música no serían iguales... Pero como eso ya está escrito, prefiero remitir a los que sepan inglés al estupendo libro de Steven C. Smith  A Heart at Fire's Center para encontrar cosas más sensatas que las que puedo contar yo aquí (lástima que el libro no está traducido). Porque claro que adoro la música de Herrmann, por supuesto, pero también él me cae muy bien porque era un cascarrabias y siempre está bien admirar a los cascarrabias con los que no hemos tenido ningún trato (a los que tenemos que tratar a diario solemos llamarlos de otra manera y no nos hacen maldita la gracia). Herrmann era un personaje bastante novelesco y por eso su biografía es tan bonita como su música. En fin, que para homenajearlo de manera algo más frívola contaré algunas cosillas de su vida salpimentadas con los obligados minutos musicales.