El blog del Festival
13jun/111

Los colores del bogavante

Publicado por: Jose Angel

El pasado viernes se ha estrenado en el país, también en las salas Príncipe de Donosti, Los colores de la montaña, la película colombiana de Carlos César Arbeláez. A comienzos de febrero del año pasado tuve el privilegio de ver el primer montaje de esta película que se postulaba para la convocatoria número 17 de Cine en Construcción a celebrar durante el festival de Toulouse. Recuerdo con  nitidez que me quedé muy impresionado tras su visionado. Fue tal mi entusiasmo que recomendé que la vieran de inmediato mis colegas del comité de selección, aunque les advertí que me parecía muy remota la posibilidad de contar con ese título para nuestro festival, porque me apostaba cien bogavantes a que aparecería por alguna de las secciones del festival de Cannes. Uno de esos colegas (en el colegio me enseñaron que se denuncia el pecado pero nunca el pecador) se atrevió a aceptar mi apuesta, lógicamente reducida a un bogavante. Cuando la película ganó en Toulouse el premio de cine en construcción, consideré que tenía la apuesta medio ganada.

25mar/112

Las invitaciones y viajes de Guerin

Publicado por: Quim

Tras estrenar En la ciudad de Sylvia en la Mostra veneciana, José Luis Guerin decidió aceptar todas las invitaciones para presentar esta película en festivales alrededor del mundo. En la acreditación que le daban en cada uno de ellos figuraba siempre la misma palabra, guest (invitado). Así nació Guest, la película, entre el azar y la premeditación: un diario filmado, una crónica viajera, una captura de emociones y geografías que también ha circulado por diversos certámenes. Empezó su andadura en Venecia-2010, lógico, y recaló después en San Sebastián en una sesión especial en Zabaltegi.

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22mar/1113

Cuatro horas y media

Publicado por: Roberto

No recuerdo qué productor de Hollywood (es lo bueno del blog, que puedes no ser muy históricamente riguroso: si alguien se acuerda que lo postee para la posteridad) se jactaba de que cuando veía una película sabía exactamente cuánto metraje le sobraba atendiendo a los minutos que llevaba doliéndole su trasero. No es un criterio de construcción dramática muy aristotélico (quizá porque los griegos, como los isabelinos, veían el teatro de pie), pero le ha servido a la industria del cine durante más de un siglo para decidir cuánto debían durar las películas.