Domènec Font, agitación y entusiasmo
El pasado martes, de madrugada, falleció en Barcelona Domènec Font, uno de los grandes agitadores cinematográficos, en su faceta de ensayista, historiador y profesor universitario, de este país. Con Domènec, que luchó muy duro contra un cáncer que acabó ganándole la injusta batalla, aprendimos muchas cosas incluso más allá de sus textos: que la beligerancia bien construida, bien utilizada, es sana, provocadora y productiva, y que el futuro del cine estaba en el presente, en las reflexiones pertinentes que llevaba años haciendo, en escritos y en su labor docente, sobre todo lo que supuso la modernidad en el cine, la forma de tratar el cuerpo en el cine, las influencias de aquellas nuevas olas que tanto le fascinaban pero sabía mirar con el necesario distanciamiento para sacar el máximo provecho en cuanto a una lectura del cine en la actualidad.
Domènec escribió sobre los pasajes de la modernidad europea, sobre las obras testamentarias de Ford, Huston o Visconti, sobre Michelangelo Antonioni, uno de sus cineastas preferidos, y sobre La noche del cazador, película estupenda que diseccionó siempre estupendamente. Al festival de San Sebastián, a sus libros, aportó una lúcida reflexión en torno al cine de Philippe Garrel en el libro colectivo sobre el director francés publicado en 2007. Precisamente Garrel fue uno de los cineastas que invitó a participar en el MICEC, la muestra de cine europeo que dirigió durante cuatro años al amparo de la universidad Pompeu Fabra de Barcelona, en la que era catedrático de Teoría e Historia del Cine. El MICEC, mezcla de congreso y festival que permitía el acercamiento entre cineastas y ensayistas, entre teóricos y prácticos del audiovisual contemporáneo, fue su gran sueño, su gran caballo de batalla, su apuesta por convertir a Barcelona, en los dulces días del mes de mayo, en un lugar de encuentro. A la cita acudieron durante esos años autores como Oliveira, Desplechin, Bela Tarr, Thierry Jousse, Assayas, Suwa y Sokurov. Domènec, elegía del entusiasmo, un auténtico prodigio de la naturaleza cuando empezaba a hablar de cine con los propios cineastas, buscando el conflicto y haciendo de él estilo, hizo del MICEC un oasis de creatividad. Mucha gente ha quedado huérfana de sus enseñanzas. Porque como profesor superó incluso sus textos. De todo esto, tan laudatorio, quizá se reiría un poco. Como ha escrito recientemente Carlos Losilla, amigo y colaborador de Domènec, él y tantos otros han quedado huérfanos de la tempestad. Domènec era la tempestad y tras ella no siempre llegaba la calma, porque convenía estar siempre alerta, agitado, en consonancia con los movimientos sísmicos del cinematógrafo sobre los que tanto y tan bien habló y escribió.
La esperanza es lo último que se pierde
El Festival de Cannes es un certamen reservado a profesionales, lo que significa que no hay entradas a la venta. Es decir, que los comunes mortales sin acreditación no tienen acceso a las películas, por mucho que sean los afortunados habitantes de la ciudad donde se celebra el evento cinematográfico más importante del mundo. Pero muchos siguen teniendo fe en la humanidad y la bondad del prójimo, de manera que su optimismo les lleva a pasar horas en la entrada del Palais a la espera de que algún alma caritativa con una entrada de más quiera hacer su buena obra del día. Lo curioso es que algunos lo consiguen, aunque no tengo todavía clara la proporción de éxitos y fracasos.
Bajo la alfombra roja
Dice The Lamb que cuente cosas sobre las películas importantes que se ven estos días en Cannes: Almodóvar, Von Trier, Malick... Eso es porque no sabe que yo siempre vuelvo de Cannes sin haber visto nada de eso, para estupefacción de la gente que me pregunta siempre "pero, ¿entonces qué demonios has hecho allí?". En realidad yo vivo en una realidad alternativa y subterránea bajo la alfombra roja que se llama "Marché du film", o sea el mercado de películas.
La gente de las escaleras
Ya estamos instalados en Cannes, a la espera de que lleguen las películas, los famosos y todo eso que tanto relumbra por aquí. La verdad es que hoy lo único que se ve son curritos: periodistas ajetreados, fotógrafos afinandola puntería hacia una alfombra roja que ni siquiera está puesta y gente cargada con la bolsa del festival (muy austera este año, por decirlo de manera elegante) e intentando saber qué demonios tiene que hacer los próximos días y, sobre todo, dónde tiene que hacerlo.
Licores sin papeles
Mi viaje a Corea terminó con una nota amarga. Después de haber sido objeto de la hospitalidad del festival de Jeonju, que lo organiza una gente estupenda, me dispongo a volver a casa en un viaje de muchísimas horas. Como había estado trabajando tanto (aunque algunos no se lo crean) no me dio tiempo a comprar unas botellitas de mi querido soju en Jeonju, así que decido hacerlo en el aeropuerto, donde hay un montón de tiendas para guiris en las que se venden esas cosas corenas que un coreano nunca compraría. Así que me hago con un bonita botella de porcelana para consumo personal y unas pequeñitas para regalar a los amigos (una de ellas para nuestra responsable de la web, Blanca Marín, que se la merece, porque sin ella no existiría este blog). Me las precintan y paso los controles del aeropuerto de Incheon feliz con mis compras.
El país sin resaca
Ando estos días en el festival de Jeonju, en Corea del Sur, a la busca de películas coreanas para nuestra programación de este año. Aunque el festival de cine más popular en Corea (y ya en toda Asia) es el de Pusan, Jeonju se ha convertido poco a poco en otro importante punto de referencia para la cinefilia local, sobre todo gracias a una línea de programación muy coherente que no busca las grandes estrellas ni las películas más populares del año y prefiere ese cine que llaman "alternativo". Y eso lo demuestran las películas esspañolas que se ha programado en la sección oficial de esta duodécima edición del festival: Aita y Caracremada, que pasaron las dos por San Sebastián y que uno de los programadores de Jeonju, Un-Seong Yoo, confiesa haber descubierto en nuestro festival. Además, en la sección informativa Cinemascape, Sergio Caballero presenta su película Finisterrae y Oliver Laxe ha venido con Todos vós sodes capitáns, mientras que en una sesión de medianoche se proyecta Balada triste de trompeta de Álex de la Iglesia.
Casa de América
Casa de América es una institución que tiene como objetivo fomentar el conocimiento entre Iberoamérica y España, mediante la emisión y difusión de actividades culturales. Entre éstas, dedica una especial atención a la promoción del cine latinoamericano. Casa de América colabora con el Festival de San Sebastián otorgando un premio a una de las películas seleccionadas para el apartado de Cine en Construcción en cada una de las convocatorias que se celebran anualmente durante el desarrollo del festival. Este premio permite al realizador de la película ganadora desplazarse a Madrid cuando, una vez concluída, se programa su preestreno. En los últimos años Norteado, del mexicano Rigoberto Perezcano, Rompecabezas, de la argentina Natalia Smirnoff y Asalto al cine, del también mexicano Iria Gómez Concheiro, han sido las agraciadas con este premio.

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