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Diario del Festival » ZABALTEGI-PERLAK
Herencias, memorias y vacíos
L’HEURE D’ÉTÉ (LAS HORAS DEL VERANO)
Sábado, 20 de septiembre de 2008

Recuerdo que hace unos cuan­tos años me gustó bastante la película Fin août, début sep­tembre, del entonces desconocido, al menos por estos pagos, Olivier Assayas, del que poste­riormente volvimos a tener no­ticia. No sabría explicar muy bien por qué, pero sus persona­jes me resultaban cercanos, me identificaba con lo que les pa­saba y la historia me interesaba, algo que, por otra parte, me sue­le suceder curiosamente con bastantes directores y películas francesas.

En el caso de L’heure d’été no se puede decir que el tema me sea tan cercano, ya que mis posibilidades de heredar cotizadas obras de arte y joyas del diseño son muy escasas, por no decir prácticamente nulas, pe­ro hay algo en esta cinta que me atrae y me engancha, y creo que tiene que ver con esa dis­yuntiva que se plantea a los tres personajes de la película entre conservar algo que han amado y que ha sido parte suya du­rante muchos años, o romper amarras con el pasado, un pa­sado con dosis de misterio y atracción, pero también con sus cargas sentimentales, unas car­gas que pueden llegar a ser bas­tante pesadas. Y, además, ya se sabe que las herencias suelen ser, más que una forma de enriquecerse, una oportunidad ex­celente para pelear con toda la familia.

Una distinguida mujer, consciente de que su fin está cercano, sondea a sus tres hi­jos sobre el futuro de la casa fa­miliar y las preciadas obras de arte y objetos de diseño que hay en ella. Sólo uno de los hijos vive en Francia; otro es un hombre de negocios que vive en China, y la hermana, inter­pretada por una discreta Julie­tte Binoche, se dedica al dise­ño en Nueva York. Cuando la madre muere se abre una cier­ta lucha entre los elementos más materialistas de la familia y los que sienten cierto apego hacia los tesoros del hogar fa­miliar. Creo que no hace falta decir quién gana.

Olivier Assayas se vuelve a mostrar en esta película como un excelente creador de perso­najes, unos personajes que van mostrando sus deseos y sus contradicciones, y que ven có­mo finaliza una parte importan­te de sus vidas. Con la madre desaparece la casa familiar, y con ésta la relación que han mantenido hasta entonces. Una historia que a partir de ciertas edades se repite constante­mente, aunque no todo el mun­do tenga ocasión de discutir qué hace con los cuadros de Corot del salón. De cualquier manera, aunque estos personajes no nos sean tan cercanos, vuelve a que­dar clara la habilidad de Assayas para crear personajes y situa­ciones.
M.B.

 

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