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Diario del Festival » TERENCE DAVIES
Un debut con voz propia
TRILOGY
Lunes, 22 de septiembre de 2008

¿Es posible que el primer corto­metraje de un director, su balbu­ceante debut con una cámara, contenga ya todas las esencias de las películas que hará en los siguientes 30 años? La respues­ta es sí, clara y rotundamente, en el caso de Terence Davies. El director británico no tenía ninguna experiencia en la técnica de hacer películas, aunque sí muchísima en el placer de verlas, cuando acometió su primer largometraje (o mediometraje en realidad: dura 46 minutos), con el título de Children. Aún estaba estudiando y aprovechó un verano y una beca del British Film Institute para entrenarse como cineasta por pura intuición, por pura necesidad. Como quien esboza una poesía en una cuartilla sin saber por qué ni para quién lo hace. Children fue el primero de una serie de tres filmes cortos: los siguientes se ti­tularon Madonna and Child y Death and Transfiguration.

Los tres cortos se agruparon enseguida con el título de The Te­rence Davies Trilogy (1981) pe­ro el resultado no es simplemen­te una cómoda concatenación, si­no un largometraje de total coherencia entre sus tres seg­mentos, que describen algunos de los dilemas del proceso de la vida del ser humano y, sobre to­do, de los fantasmas, preocupaciones y sensibilidades de Teren­ce Davies. Un cineasta dando sus primeros pasos, pero con un len­guaje y un estilo ya absoluta­mente personales. En Trilogy, fil­mada en un austero blanco y ne­gro, emergen de pleno todas las constantes del cine de Terence Davies: la autobiografía disfraza­da de ficción, la evocación de la memoria entre la añoranza y el dolor, el paso del tiempo y la ame­naza de la muerte, la presión del padre maltratador, la religión co­mo tormento, el descubrimien­to perturbador de la homo­sexualidad, el cine como libera­ción y las canciones que en combinación con las imágenes al­canzan lo sublime. También el re­chazo de Terence Davies de la narrativa convencional (aunque en La biblia de neón y La casa de la alegría se acercó a ella), para construir sus películas con los mecanismos incontrolables de la memoria y el recuerdo, y con el empuje de los sentimientos, más que de la razón.

Trilogy es el preludio, más du­ro y crudo, de las obras maestras de Terence Davies que llegarían a continuación, Distant Voices, Still Lives (Voces distantes) y The Long Day Closes (El largo día aca­ba). Las etapas de la vida de un hombre, Tucker, van describien­do la ilusión, la melancolía, el mie­do, el deseo, la culpa, la frustra­ción y la decadencia en imágenes de una rara belleza, y de una car­ga emocional enorme a pesar de, o quizás gracias a su sencillez y contención. La música ya apare­ce, aunque no con la intensidad de las obras posteriores de Da­vies, para aportar un contrapun­to reconfortante al crecimiento de un niño asustado, marcado por la escuela, la religión y un pa­dre odioso, en ese Liverpool de los años 50, el lugar y el tiempo al que la memoria de Terence Da­vies vuelve una y otra vez. Mien­tras suena The Ballad of Barbara Allen, el niño mira por el cristal y llora en solitario: es una de las imágenes de Trilogy que reflejan por sí solas toda la personalidad y la fuerza expresiva de Terence Davies.
Ricardo ALDARONDO

 

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