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Diario del Festival » MARIO MONICELLI
Envidiado especial
Jueves, 18 de septiembre de 2008

Para empezar una contradic­ción. A mí los festivales de cine no me gustan demasiado. Eso de que las películas compitan, me parece absurdo. Porque las películas son únicas. Otra cosa son las franquicias de pelícu­las, pero ésa es otra historia. Que compitan películas es co­mo si pelearan por la misma medalla un lanzador de jabali­na, una saltadora de pértiga y un velocista. En cambio me gustan las retrospectivas. Pri­mero porque las retrospecti­vas miran hacia atrás. Y lo úni­co que podemos entender es el tiempo pasado. Y segundo porque las retrospectivas son la única manera de ver come­dias en un festival de cine. Las comedias en los festivales de cine son como las chicas con culo en la Pasarela Cibeles, unas apestadas. La mayoría de los festivales se han converti­do en un contubernio de tipos serios y trascendentes que pa­sean su firma con una preten­ciosidad digna de risa. En cambio las retrospectivas son la manera que han encontrado los programadores de inundar con un rayo de luz los días de cine y casi siempre hacer justi­cia a tiro pasado.

Este año San Sebastián presenta la retrospectiva de Mario Monicelli. Son películas de director transparente fren­te al cine de directores aspaventosos, mírame qué bien lo hago. Películas comprometi­das, pero no comprometidas con ideas facilonas que todo el mundo aplaude, sino con el ser humano, y por lo tanto complejas, contradictorias, perturbadoras. Películas diver­tidas, porque aún no se había impuesto la idea de que para ser trascendente había que ser un plasta. Películas bien interpretadas, porque sus acto­res no tratan de imitar a otro actor, a ser posible norteame­ricano, sino que persiguen re­tratar a la gente de la calle. Pe­lículas sin nostalgia, porque son apuntes del natural y cuando bucean en el pasado histórico, lo hacen eligiendo personajes y sucesos con mi­núsculas.

A finales de los años 50, maestros como Monicelli, Ger­mi, Comencini o el reciente­mente fallecido Dino Risi, lle­varon a cabo la transición del neorrealismo a la comedia a la italiana. Prolongaban así la edad de oro de un cine local, pero al mismo tiempo univer­sal y eterno. Vencían el ama­neramiento en el que cae cualquier escuela si dura de­masiado o es en exceso auto-consciente. Retrataron con ironía a la nueva clase media nacida tras la crisis de pos­guerra, tratando los conflictos sociales desde sucesos ínfimos. Nadie tiene derecho a imponer un cine sobre otro, pero si a mí me preguntaran por el cine que mejor nos re­presenta, no se me ocurriría dudar de la comedia italiana de esos años. En San Sebas­tián 2008 vamos a ver en pan­talla grande I Soliti Ignoti, Guardi i Ladri, I Compagni, La Grande Guerra o Amici Mei. No se me ocurre mejor excusa para justificar que exista una cosa tan absurda como un festival de cine. Más allá de modas o de vacas sagradas, algunos desertaremos a las pantallas secundarias en bus­ca del placer. Para disfrutar de las películas del viejo Monice­lli, para darnos un respiro con sus errores pero volver a ad­mirar sus aciertos. Pero es que además lo vamos a hacer entre risas. O sea que vamos a ser la gente más envidiada de Donostia.
David TRUEBA

 

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