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Diario del Festival » ZABALTEGI-NUEVOS DIRECTORES
Un engranaje perfecto con guión y actores excelentes
BURN AFTER READING
Domingo, 21 de septiembre de 2008

En el cine, y posiblemente en cualquier otra actividad huma­na, hay gente de la que sólo se puede discutir si una de sus obras es mejor que otra o vice­versa, pero se da por sentado que son incapaces de hacer al­go malo aunque lo intentasen. Así, Woody Allen tiene partida­rios de una u otra de sus épo­cas, pero son muy pocas las personas que no reconocen su genialidad y un estilo propio re­sistente al paso del tiempo. Pues bien, en opinión de este cronista, los hermanos Coen, Joel y Ethan, Ethan y Joel, en­tran perfectamente en esta ca­tegoría. Yo al menos no recuer­do una película de la que haya salido echando pestes; unas me han parecido buenas, otras muy buenas y bastantes, excelentes. Y además, todas estas obras que van de una calidad más que aceptable a la excelencia tienen registros muy distintos.

Burn After Reading ha sido definida como “alta comedia”, y, desde luego, no se le puede ne­gar el calificativo de alta si hace referencia al guión, a las situa­ciones ideadas por sus creado­res o al trabajo interpretativo de todos los actores que intervie­nen en esta divertidísima pelí­cula, empezando por los pape­les principales y terminando por los que aparecen menos en pan­talla, pero a los que sería injus­to denominar “secundarios”, y es que en esta película todo fun­ciona como un perfecto engra­naje. Hasta las situaciones que suenan totalmente disparata­das cobran aquí su razón de ser y funcionan como sólo pueden funcionar con un equipo como el que está detrás de Quemar después de leer.

Y hay otro aspecto nada desdeñable: la crítica, amable si se quiere, de los servicios se­cretos, en este caso norteamericanos, pero podrían ser de cualquier otro país. No hay más que recordar la cantidad de or­denadores portátiles y de datos considerados confidenciales o sensibles -¿qué querrá decir “datos sensibles”?- que han perdido los gobernantes y los servicios de seguridad británi­cos en los últimos meses, algo que, por su reiteración, suena a chiste de los malos, pero es la realidad, aunque sea mucho menos creíble que lo que nos cuentan los hermanos Coen. En cierta manera, esta comedia se podría considerar también cine político, ya que, además de ha­cer bastantes risas, el espectador no puede menos que pre­guntarse en manos de quién es­tamos. Y es que uno se imagina unos servicios secretos con agentes como los de Burn After Reading y se echa a temblar, más que a reír.

Creo que ya he escrito en al­gún sitio que filmes de este ti­po cumplen en los sesudos festivales de cine una labor analgésica que nunca agrade­ceremos suficiente, ya que, en­tre tanto sufrimiento, tanto psi­cópata, tantas situaciones duras y tanta realidad extrema que nos ofrecen la mayoría de las obras proyectadas, hacen reír a la gente y le dan fuerzas para volver a sumergirse en los dramas.
M.B.

 

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