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Diario del Festival » HORIZONTES LATINOS
Christian Poveda: «La política de represión contra las maras es un error»
LA VIDA LOCA
Domingo, 21 de septiembre de 2008

Una larga carrera como fotope­riodista precede al trabajo de re­alizador cinematográfico de Christian Poveda, director del documental La Vida loca. Entre­vistador, director y guionista, Poveda estrena en Donostia un re­trato franco y directo de la vida cotidiana de los integrantes de la mara “La 18” del barrio de La Campanera, en Soyapango (El Salvador), a través de siete per­sonas y , en sus propias pala­bras, “un personaje principal: la muerte”.

“Comencé con este tema en 2004 y conseguí realizar una se­rie de 130 retratos de los pan­dilleros en un penal. A partir de ahí presenté mi propuesta de documental a la mara Salva-trucha y a La 18, cuyos miem­bros aceptaron ser grabados y entrevistados durante un año”. Poveda conoce bien la historia de estas dos pandillas forma­das en Los Ángeles, con salva­doreños refugiados o huidos de la guerra de los años 80. Con la firma de la paz y el regreso a El Salvador en 1992, las maras se reagrupan e integran además a muchos niños huérfanos o abandonados tras la guerra que, rechazados por la socie­dad, encuentran en el grupo una nueva familia.“Nadie esta­ba preparado para este fenó­meno -afirma Poveda- y no es un problema menor: hay quin­ce mil pandilleros en El Salva­dor, cinco mil en México, cin­cuenta mil en Estados Unidos, hablamos de un ejército casi. Agarran poder, establecen te­rritorios, van creciendo y ya hay segunda generación”. Ante el aumento de homicidios y delin­cuencia, “la única respuesta de los gobiernos es la represión, que no funciona, es un fallo to­tal, en lugar de apostar por la reinserción, aunque sea más lar­ga y costosa, y no hay intentos serios de entender el problema y prevenirlo”.

Este realizador, que reside en San Salvador, tiene muy claro su objetivo con La vida loca: “No me interesa explicar cómo se constituye una pandilla, ni mos­trar sólo la droga o los tatuajes; no quiero seguir por ese lado del mero espectador. A mí me inte­resa saber por qué un chico de catorce años es un asesino, y ya lleva encima años de cárcel y es­tá dispuesto a morir en cualquier momento”. A su juicio, el docu­mental como género, aunque se haya llevado a las salas de cine, no debe perder su función de in­formación y alarma a la socie­dad: “Yo lo que quiero es ir a la raíz del fenómeno, y dar luz pa­ra tratar de entender bien qué está pasando, para encontrar so­luciones y políticas adecuadas al problema que tienen sus pro­pios hijos”.

Poveda es de origen argelino y ha crecido en las barriadas de París. Para él, que ha visto na­cer y crecer el problema de la emigración que llegó en los 60, El Salvador es el espejo de lo que puede llegar: “En Francia no hay integración, sino marginación y, al afirmar que el 70 % de la de­lincuencia juvenil es de origen emigrante, no se dice que eso se debe precisamente a la margi­nación”. Considera que en Euro­pa, tal vez todavía estamos lejos de eso pero, “si nos descuidamos, podemos tener este pro­blema en veinte años”.
P.Y.

 

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