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Diario del Festival » DON SIEGEL
El sello Siegel
Viernes, 17 de septiembre de 2010

A Don Siegel se le reconoce por sus colaboraciones con Clint Eastwood y la creación de un personaje tan decisivo en la historia del policíaco como el inspector Harry Callahan; por algunos memorables thrillers en el intersticio entre décadas, caso de Brigada homicida (1968) y La gran estafa (1973), y por su modélica incursión en la ciencia-ficción con la primera versión de La invasión de los ladrones de cuerpos (1956). El ciclo que le dedica el Festival saca a la luz muchas otras pelícuas, igual de estimables que aquéllas, en las que Siegel forjó un estilo conciso, en sintonía con el de algunos de sus compañeros de generación, Sam Fuller y Richard Fleischer. Como ellos, reflexionó sobre la violencia, o sobre los géneros violentos, aportando una mirada personal e independiente dentro del cine de los estudios. Partió de los presupuestos de la serie B, en sus inicios, y llegó felizmente a los confines de la autoría que otorga la libertad expresiva, en su época de plena madurez.


La retrospectiva, que incluye todas sus películas con la excepción de dos de las que sólo se conservan copias en muy mal estado –No Time for Flowers (1952) y Hound Dog Man (1959)–, arranca hoy con sus obras primerizas. Star in the Night y Hitler Lives, ambas de 1945, son sus dos únicos y oscarizados cortos. El primero es una curiosa ficción navideña en la que se evoca el nacimiento de Jesús situándolo en un decorado contemporáneo. El segundo es un trabajo de montaje con imágenes de archivo que alerta del resurgimiento del nazismo tras la Segunda Guerra Mundial.


Cinco años después de que coincidieran en El halcón maltés, Peter Lorre y Sydney Greenstreet, dos de los mejores secundarios de Warner Bros, se pusieron a las órdenes de Siegel en su primer largometraje, The Verdict (1946), un relato de misterio neblinoso: todas las escenas en exteriores acontecen en un Londres configurado con densos jirones de niebla. El futuro director de algunos de los thrillers más secos y violentos de los 60 y 70 se iniciaba, paradójicamente, con una trama adscrita a la modalidad del crimen perpetrado en una habi-tación cerrada con llave desde dentro.

Aun a sueldo de Warner Bros, Siegel rodó a continuación Night Unto Night (1949), un melodrama sicológico y epiléptico interpretado por dos futuribles Viveca Lindford, futura esposa de Siegel, y Ronald Reagan, futuro presidente de los Estados Unidos que, como mafioso, repetiría con el director en Código del hampa (1964). Su estilización contrasta con el estilo despreocupado de The Big Steal (1949), mezcla de aventura y film noir realizada para RKO e interpretada por la pareja de Retorno al pasado, Jane Greer y Robert Mitchum.


Quim CASAS

 

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