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Diario del Festival » NUEVOS DIRECTORES
Entre nieves y polvos
CHAIKA
Jueves, 27 de septiembre de 2012

¿Cuánto tiempo se puede sobrevivir en una miserable chabola en medio de la nada en un paisaje inhóspito de Siberia, sin más perspectiva que un frío eterno, sin más compañía que la nieve, sin nada que hacer excepto luchar para proteger a los animales y fumar un pitillo tras otro, y beber vodka, y esperar que las bestias no devoren a los corderos? ¿Cuánto? Seguramente no mucho más de lo que dura el invierno.

Por eso, Ahysa, una joven que huyó de su Kazajstán natal para terminar ejerciendo de prostituta entre rudos marineros rusos, y que acaba de parir un pequeño y que ha aceptado la oferta de Asylbek para empezar una vida en la tundra siberiana junto a sus dos hermanos y su madre, si algo tiene claro después de haber deambulado por escotillas de barcos mercantes oliendo a humo de tabaco barato y sudor grasiento es que prefiere cualquier cosa antes que envejecer mirando un horizonte que no deja ver nada. Y cuando le dice a Asylbek que ese es el último invierno que quiere pasar con Ganivet y Sojanian, los dos hermanos que la miran con deseo y que codician el dinero que ha ganado su hermano en la mar, ambos, Asylbek y Ahysa, saben que tendrán que buscar otro lugar para vivir. Porque el ex marinero no concibe otra vida sin ella. “¿Estás dispuesto a pasar toda la puta vida aquí, entre las vías?” le vuelve a preguntar Ahysa, cuando, huyendo del frío, llegan al polvo de Kazajstan, y él empieza a trabajar en el ferrocarril. “Sí, porque lo único que quiero es estar contigo”.

El amor se convierte así en única alternativa posible en un mundo que parece no guardar ningún resquicio para la ternura, el humor o el calor humano. Tanto entre los trenes de Kazajstán como en la llanura siberiana o en medio del Mar Báltico, los hombres, omnipresentes en esta película, donde las mujeres son las protagonistas, intentan sobrevivir sin mirar atrás, pretendiendo olvidar todo lo que les ha hecho ser como son. “La gente piensa que hay cosas que no podemos olvidar, pero cualquier cosa se puede olvidar si lo intentamos”, dice uno de los protagonistas. “El vodka es bueno para combatir la radiación” añade su madre la noche anterior de quedarse dormida en el porche, borracha, y amanecer congelada con una amarga sonrisa en el rostro.

A.B.

 

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