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Diario del Festival » GEORGES FRANJU
Los genuinos placeres del folletín
JUDEX / NUITS ROUGES
Viernes, 28 de septiembre de 2012

Un gusto muy pronunciado, casi enfermizo, por las tramas policíacas enloquecidas, por el Misterio en mayúscula, por las puertas y pasadizos y sótanos secretos, por las máscaras, antifaces, pasamontañas y disfraces conforman el corpus argumental y visual de cuatro títulos fundamentales de la obra de Georges Franju: Ojos sin rostro (1960), Pleins feux sur l’assassin (1961), Judex (1963) y Nuits rouges (1974). Un gusto, en fin, por las señas de identidad del folletín, aventuras por entregas o serial, como quieran llamarlo, que en los dos últimos títulos citados remite directamente al buque insignia del cine francés en este negociado, el legendario Louis Feuillade, cuyo nieto, Jacques Champreux, colaboró como guionista en ambas películas, siendo además el camaleónico protagonista de Nuits rouges.

Tanto en Judex como en Nuits rouges, que en realidad es el complemento cinematográfico de la serie de televisión L’Homme sans visage, Franju lleva a sus últimas consecuencias el espíritu de Feuillade: cine popular en primer grado, de trazo esquemático, pedestre en cuanto a interpretaciones, tremendamente anacrónico en relación a las coordenadas nuevaolistas (o posnuevaolistas) del momento, pero trascendido, sublimado por ese inconfundible universo poético, onírico e irracional que hizo del cineasta una de las vértebras más fascinantes de la anatomía del cine francés tout court. Una imaginería de altura everestiana que en Judex alcanza su cénit en imágenes fulgurantes como la de los hombres de negro trepando de noche por una pared (éste no es sólo un filme en blanco y negro: “C’est un film en noir et noir”, como observaron Claude Beylie y Catherine Schapira en una entrevista a su creador) o la muy célebre, bellísima y turbadora del hombre pájaro, que la cámara recoge en hechizante movimiento ascendente (de los zapatos al pico) antes de brindarnos la majestuosa secuencia de la fiesta de disfraces.


En Nuits rouges estallan los colores en una intriga delirante, en la raya misma de la psicotronía de serie Z, nuevamente redimida por la audacia del plano insólito (el chófer-maniquí) y la inventiva del tono, algo así como un Fantômas (el serial que Franju siempre quiso rodar y al que cita explícitamente en Judex) dirigido a seis manos por el Hitchcock de Topaz (1969), el Mario Bava de Diabolik (1967) y el Jesús Franco más alegre y desprejuiciado, más libérrimo y arrebatadoramente pop, el de Lucky el intrépido (1966) o Residencia para espías (1966). Para mojar pan hasta la última gota.

JORDI.BATLLE.CAMINAL

 

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