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Diario del Festival » NAGISA OSHIMA
Calles de amor y frustración
AI TO KIBO NO MACHI / STREET OF LOVE AND HOPE - SEISHUN ZANKOKU MONOGATARI / NAKED YOUTH
Sábado, 21 de septiembre de 2013

Hay un notable y revelador salto entre las dos primeras películas de Nagisa Oshima. Estrenadas con solo seis meses de diferencia, de Street of Hope and Love (1959) a Naked Youth (1960) va un cambio radical de atrevimiento y posicionamiento, aunque por otra parte el flujo entre una y otra parece natural y coherente. Del neorrealismo poético heredado de Italia pero ya entonces genuinamente japonés de la primera, de su bienintencionada y emotiva incursión en los problemas de los más desfavorecidos, al cine rompedor, enérgico, descarado en lo formal y en lo moral de la segunda. Del mundo ordenado en sus clases sociales de una, al nihilismo y la afrenta a las convenciones de la segunda. Ambas, sin embargo, son miradas sobre la juventud, en un momento intensísimo, en lo político y lo social, para Japón: la frontera entre los años cincuenta y los sesenta, y especialmente un 1960 que estuvo marcado por importantes acontecimientos bajo una nube de revolución.

Ya lo indica el título de Street of Love and Hope: hay un cierto lirismo en esas calles en las que malvive una mujer que ejerce de limpiabotas, sustituida por su hijo cuando ella está enferma. Sueña con darle unos buenos estudios al chico, y éste a su vez fascina a una chica, hija de un empresario, empeñada en conseguirle un trabajo para que pueda mejorar su posición. Las palomas que el chico vende, con la esperanza de que escapen y retornen a su maltrecho hogar, pues son mensajeras, son el símbolo para hablar de la honestidad y la pureza, pero también de la frustración que anida en los barrios más pobres, donde el joven se encuentra enjaulado.

Naked Youth, en color, presenta a un Oshima desafiante, con relaciones amorosas ya apoyadas en la dominación y la dependencia dentro de un mundo convulso, como será frecuente en su futuro cine. La influencia de la casi simultánea irrupción de la Nouvelle Vague se deja sentir en la abundante presencia de las calles y los clubs nocturnos, aunque Oshima rompe el realismo con una banda sonora construida con sonidos fuera de lógica y trufada de incipiente rock & roll y jazz. La relación de la estudiante Makoto con el joven Kiyoshi se apoya tanto en la pasión como en el interés: él puede ser cruel y ella se debate entre la pasión y la negativa a ser dominada; juntos se aprovechan de hombres mayores para atraerlos y robarlos. Violación, aborto, extorsión y crimen son temas que sustentan una película en la que Oshima practica un estilo abrupto, con sorprendentes decisiones formales como el largo y enigmático plano sostenido de Kiyoshi comiendo una manzana, con los ojos iluminados, mientras espera a que Makoto vuelva en sí.

RICARDO.ALDARONDO

 

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