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Diario del Festival » PERLAS
Hirokazu Kore-Eda: «Mis películas están inspiradas en fases de mi propia vida»
SOSHITE CHICHI NI NARU / LIKE FATHER, LIKE SON
Domingo, 22 de septiembre de 2013

Los afectos y las lealtades ocupan buena parte del universo creativo de Hirokazu Kore-Eda (Tokio, 1962). Atendiendo a su propio testimonio, según el cual, buena parte de su filmografía se retroalimenta de su propia experiencia vital, cabe pensar que ambas virtudes forman parte también de la personalidad del cineasta japonés. Su afecto y su lealtad hacia el Festival de San Sebastián están fuera de toda duda, de ahí su presencia recurrente en el Zinemaldia, tenga o no película a concurso. Después de haber presentado cuatro de sus largometrajes en la Sección Oficial este año ha acudido para proyectar en Perlas De tal padre, tal hijo, una emotiva reflexión sobre “el proceso de aprendizaje que conlleva ejercer la paternidad” que fue ovacionada en el pasado Festival de Cannes.

Da la sensación de que el mundo de los sentimientos vinculados al núcleo familiar gravita como una constante en toda la obra de Kore-Eda si bien, película a película, el cineasta varía su punto de vista y el modo de penetrar en este delicado territorio: “Esto es así porque mis largometrajes están inspirados en fases de mi propia vida. Cuando rodé Distance yo no tenía hijos, posteriormente rodé Still Walking cuando aún tenía reciente la muerte de mi madre mientras que tanto en Kiseki como en De tal padre, tal hijo mi punto de vista sobre las relaciones entre niños y adultos están condicionadas por mi paternidad”.

Kore-Eda reconoce que en su carrera hay un antes y un después de Still Walking (que fue aclamada en el Zinemaldia de 2008). “Rodando aquella película me di cuenta de que me sentía muy cómodo proyectando sobre mis personajes aspectos de mi propia experiencia. Al fin y al cabo se trata de retratar aquello que te rodea”. Tan a gusto se encuentra el director japonés explorando conflictos familiares que admite que es bastante probable que sus siguientes proyectos ahonden en este territorio: “Ahora mismo tengo cinco ideas en la cabeza para futuras películas y algunas de ellas reinciden en esa temática, pero no sé qué va a ser lo siguiente que haga”.

Otra de las constantes de su cine es la fuerza que atesoran los personajes infantiles que, en su aparente fragilidad, muchas veces se muestran mucho más fuertes que los adultos: “Es cierto –admite entre risas el cineasta– los críos en mis películas suelen ser más maduros que sus padres aunque en el caso de este último largometraje no estoy tan seguro de que esto sea así al cien por cien”.

El conflicto de la película se da cuando una joven pareja recibe una llamada del hospital donde ella dio a luz seis años atrás informándoles que, debido a un error humano, hubo un intercambio de bebés y su hijo de seis años no es realmente su hijo. En esa situación el protagonista –interpretado por el cantante de éxito Masaharu Fukuyama– se debate sobre qué es más importante, si el poder de la sangre o los afectos, anteponiendo sobre el amor su orgullo como padre deseoso de imponer sobre su hijo biológico una disciplina educativa que lo convierta en un reflejo de sí mismo. “Es una situación compleja, la película no ofrece respuestas sino que refleja un conflicto emocional plagado de dudas. Si me preguntas por mi opinión sobre lo que significa ser padre te diré que más allá del hecho biológico en sí, consiste en encontrar tiempo para dedicarle a tu hijo”.

El propio cineasta reconoce que la sociedad japonesa ha cambiado mucho en ese sentido: “El prototipo masculino de padre autoritario que antepone su trabajo en la empresa en la que lleva trabajando treinta años sobre sus responsabilidades familiares ya no se da tanto como antes. Entre otras cosas porque también las relaciones laborales han cambiado y ya nadie está trabajando durante toda su vida en el mismo sitio”.

J.I.

 

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