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Diario del Festival » SECCIÓN OFICIAL
Dupeyron: «No podemos curarnos solos»
MON ÂME PAR TOI GUÉRIE
Lunes, 23 de septiembre de 2013

No todo el mundo cree que existan personas que tengan un don, como la curación por imposición de manos que practica el protagonista de Mon âme par toi guérie (Mi alma por ti curada, un verso tomado prestado de Baudelaire). Pero incluso los que descartan esta posibilidad aceptan, probablemente por la influencia de los superhéroes del cómic, que poseer un don implica sufrimiento, soportar una carga, que entraña una bendición para los demás pero, en muchas ocasiones, una maldición para uno mismo. El punto de partida de Fredi (Grégory Gadebois) es precisamente rechazar esa capacidad de curación que hereda de su madre.

“La primera idea fue un hombre con un don, no sé por qué me vino”, explicó el director y guionista François Dupeyron. El cineasta francés quiso escribir un guion a partir de esa imagen, pero derivó en una novela que, finalmente, ha logrado adaptar al material cinematográfico. Para la actriz Marie Payen, el verdadero don de la película es “el don de estar de acuerdo con el hecho de vivir, de estar vivos, y eso me emociona”. Porque “no podemos curarnos solos”, completó Dupeyron, que ve muchas similitudes entre el proceso de escritura y el don del protagonista, que oscila entre la sanación y la videncia: “A mí también me vienen las ideas y no sé de dónde, al igual que a Fredi le vienen las palabras”, que acuden a su mente como mensajes clarividentes.

Existen otras circunstancias de la película mucho menos pensadas. Los protagonistas viven en caravanas y algunos días solo pueden comer patatas, un contexto del que Dupeyron no ha sido consciente hasta que ha visto la película. “Me doy cuenta de que mis personajes siempre remiten al rechazo, es algo espontáneo, pero me ha ocurrido en otras películas con clandestinos o mujeres abandonadas. No lo pienso, pero me viene así: solo trabajo a partir de personas que experimentan un cierto rechazo”.

Diálogo de la luz y la música

Dupeyron ganó la Concha de Oro y la Concha de Plata al mejor actor (Jacques Dufilho) en 1999 por C’est-quoi la vie? (¿Qué es la vida?) y cinco años después compitió de nuevo en la Sección Oficial con Inguélézi (Clandestino). En Mon âme par toi guérie, en su tercera visita al Festival, el autor de El señor Ibrahim y las flores del Corán habla a través de un diálogo entre las interpretaciones, la luz y la música. “Las canciones de Nina Hagen son algo bastante inesperado, llega a gritar, que es como canta ella, y yo quería esa melodía, poesía y libertad de interpretación. Pero, además, las canciones duran mucho y luego las corto abruptamente. Normalmente no se hace así pero lo hago en busca de un resultado, un silencio que prepare al espectador para escuchar lo que viene después: seis o siete minutos de un texto que no es fácil, ni para interpretarlo ni para escucharlo, y para mí es esencial que se entienda”, arguyó. El filme subraya también el protagonismo de la luz, una reivindicación de la veracidad por parte del director: “Al sol muchas veces no se le deja entrar (en el cine) y me pregunto por qué. Para mí representa una forma de ser más veraz, de aportar vida a los planos”.

R.P.

 

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