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La banda sonora de los inicios
Lunes, 23 de septiembre de 2013

Existe un momento de emoción en el Festival que se aleja de los focos, las multitudes y la alfombra roja. Tiene más que ver con experimentar un regocijo íntimo y sucede a oscuras, en la sala de cine, antes de que se asome el primer fotograma. Es el instante de la primera cortinilla, cuando el certamen es una promesa, pero también las siguientes veces, en cada proyección, cuando se van detectando los detalles que han pasado desapercibidos aprimera vista, y hasta la última, cuando ya se palpa la melancolía de una edición moribunda.
en el Festival que se aleja de los focos, las multitudes y la alfombra roja. Tiene más que ver con experimentar un regocijo íntimo y sucede a oscuras, en la sala de cine, antes de que se asome el primer fotograma. Es el instante de la primera cortinilla, cuando el certamen es una promesa, pero también las siguientes veces, en cada proyección, cuando se van detectando los detalles que han pasado desapercibidos a primera vista, y hasta la última, cuando ya se palpa la melancolía de una edición moribunda.

En San Sebastián, la cortinilla, un arte de unos pocos segundos, se suele vincular al cartel de la edición y éste inspira su breve banda sonora: desde el susurro de las olas descomponiéndose en la orilla a la aspereza de un disparo. Este año al laberinto pop y sesentero diseñado por Toni Pontí lo acompañan fragmentos y variaciones de una composición de Xabier Zabala, “Munduko loreak”. Significa flores del mundo, aunque si se juega con la separación de las palabras podría leerse también colores del mundo.

Los intérpretes de esta canción son los componentes de Kaabestri Ensemble, veinticuatro músicos –o cabestros, autodefinición camuflada en su nombre– procedentes de la Orquesta de Euskadi que, en el transcurso de una comida decidieron que querían “hacer algo distinto” y “salirse del trabajo de todos los días”, como explica uno de sus integrantes, el viola Arkaitz Martínez. Desde ese almuerzo han transcurrido casi cinco años y han cumplido sobradamente con su empeño. Entre las actividades variopintas en las que han participado, figura el concierto del músico irlandés Glen Hansard en el BBK Live o la versión sinfónica del último disco de los payasos Pirritx y Porrotx, del que se ha extraído, precisamente, el tema “Munduko loreak”.

El cine no ha sido ajeno a su búsqueda polifacética, como demuestran sus intervenciones en las bandas sonoras de dos películas de la cosecha reciente del cine vasco: la comedia negra Urte berri on, amona! de Telmo Esnal y el documental Bertsolari de Asier Altuna. Once violines, cuatro violas, tres cellos, una contrabajista y un timbal (los cuatro trompetas no han tomado parte esta vez) han grabado las cortinillas, ráfagas de sonido que oscilan entre los cuatro y los quince segundos de duración, el tiempo justo para despertar el apetito cinéfilo.

R.P.

 

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