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Manuel Martín Cuenca: «La línea del mal se cruza sin uno darse cuenta»
CANÍBAL
Martes, 24 de septiembre de 2013

La pregunta es tan vieja como la Humanidad, pero las artes siguen planteando, miles de años después, nuevas miradas, más dudas, posibles respuestas a por qué existe el diablo. Caníbal interroga al espectador sobre este asunto pero, también, y esa es una de sus aportaciones, le muestra qué ocurre cuando se enamora. Como revela el título, el demonio está personificado por un antropófago, que su representante en la película, el actor Antonio de la Torre, retrató en dos rasgos: su (voraz) deseo y la falta de empatía con los demás.

Manuel Martín Cuenca, el director y guionista junto a Alejandro Hernández, no esconde sus decisiones desde el primer plano: silencio en lugar de ruido; elipsis en vez de sangre y vísceras. El cineasta, que había visitado San Sebastián con La flaqueza del bolchevique (Zabaltegi) y Malas temporadas (Sección Oficial), precisó que la reflexión que partía del guion era intentar “no hacer psicologismo”, evitar la tentación de “explicar la presencia del mal”. Para su autor, “la línea del mal se cruza sin uno no darse cuenta, nos interesaba esa presencia del mal en estado puro, que nos podría pasar a cualquiera” y se busca que la película “perturbe y haga pensar al espectador por qué existen o por qué podrían existir en la sociedad actual personas como ésta”.

La trama y la interpretación solo comparten protagonismo con la ciudad de Granada, donde transcurre la acción, y las manifestaciones religiosas, las cofradías y las misas. “Somos la cultura que somos y el cristianismo está en nuestra educación. No lo juzgo, está ahí de forma natural. Como decía Buñuel, yo soy ateo por la gracia de Dios. El cristianismo habla de perdón, sacrificio, muerte, sangre, amor al prójimo y redención”, enunció, no por casualidad, pues estos temas precisamente sostienen la historia. “Es una película muy anclada en sus raíces, que creo y deseo que sea universal, pero al mismo tiempo muy española”, subrayó Martín Cuenca, convencido de que “una buena película de cine iraní te dice más sobre Irán que 20.000 telediarios”.

Para cocinar una película en su punto, “un director no es nadie sin sus actores”. Y Antonio de la Torre y la intérprete rumana Olimpia Melinte, que aprendió castellano con el propósito de hacer esta película, han entregado su “alma” para construir sus papeles. “Seguramente es el personaje más difícil que he hecho en mi vida. La persona que yo represento en la vida no tiene nada ver con este personaje, soy muy expresivo y me he apoyado siempre en la palabra”, reconoció el actor, quien aseguró que el rodaje no le ha arrebatado las ganas de comer carne.

R.P.

 

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