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Equilibrismos emocionales
PASSION
Sábado, 26 de Septiembre de 2015

En Happy Hour, su película recién galardonada en el Festival de Locarno, Ryusuke Hamaguchi lleva a cabo un retrato de cuatro mujeres treintañeras que descubren que su vida personal no responde a aquello que habían esperado. A través de una puesta en escena naturalista, el cineasta perfila los desajustes emocionales de las protagonistas en una sociedad donde impera laobligación de reprimir aquellos sentimientos que no encajan con las convenciones sociales. La mayoría de inquietudes que palpitan en Happy Hour ya estaban presentes en Passion, el trabajo de graduación de Hamaguchi que se estrenó en la sección Zabaltegi-Nuevos Directores del Festival en 2008. En este caso, su foco se centra en varios personajes a punto de cumplir los treinta, en ese punto justo en que se supone deben dejar atrás las veleidades de juventud.

La película arranca con un encuentro entre ellos para celebrar el vigésimo noveno cumpleaños de Kaho, quien aprovecha la ocasión para anunciar junto a su novio Tomoya que van a casarse. La noticia sirve como detonante para que emerjan una serie de pasiones soterradas en el grupo de amigos.

Si Happy Hour es un estudio desde la perspectiva femenina de la ruptura del equilibrio en unas parejas que ya se habían asentado en cierta rutina, Passion se fija precisamente en el juego de extrañas compensaciones sentimentales que cimienta tantas relaciones. El director ya apunta en su ópera prima algunos de sus rasgos de estilo, como los diálogos bien afinados como principal motor de avance de la narración, el interés por los protagonismos colectivos, la puesta en escena transparente, la profundidad de campo psicológica y la estructura a base de combinatorias entre los diferentes personajes que le permite evitar los caminos más previsibles de los dramas relacionales.

En la única secuencia en que se centra exclusivamente en una de los protagonistas fuera del grupo, Kaho, que trabaja como profesora, confronta las terribles consecuencias del acoso escolar y reflexiona con sus alumnos sobre la violencia. Cuando regresa a casa, la vemos reaccionar en la práctica de una forma opuesta a lo que ha predicado entre sus estudiantes. Lejos de condenar las contradicciones de sus personajes, Hamaguchi pone de manifiesto a lo largo del filme cómo el ser humano no siempre consigue comportarse siguiendo los dictados de su razón o de su conciencia. Y cómo la crueldad acaba asomando en nuestros actos aunque no se perpetre un ejercicio explícito de violencia. A eso se le llama pasión...

Eulàlia Iglesias

 

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