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Diario del Festival » Zabaltegi-Tabakalera
Un hombre en proceso
Belmonte
Viernes, 28 de septiembre de 2018

Vemos en varios momentos de la película al pintor Javier Belmonte trabajando en sus cuadros; cuadros que son representaciones de figuras humanas, de cuerpos masculinos, a menudo desnudos. El artista atiende al lienzo, pero la imagen en pantalla en diversos cortes nos sugiere la idea de que se está mirando a sí mismo, que es su propia persona la que ve.

“Toda la pintura del personaje de Javier Belmonte tiene que ver consigo mismo y con la investigación del cuerpo masculino”, explica el director uruguayo Federico Veiroj. Y de hecho, igual que a lo largo del propio desarrollo de creación de un cuadro, el personaje protagonista de Belmonte, que compite en la sección Zabaltegi-Tabakalera, se halla en un proceso de transformación hacia algo diferente.

Figuradamente, Javier Belmonte está todavía pintandose a sí mismo en una etapa de su vida en la que sus sentimientos se hallan a flor de piel. El hecho de que su anterior pareja (con la que sigue aspirando a retomar la relación mientras mantiene relaciones esporádicas con otras mujeres) vaya a tener un hijo con otro hombre, y en consecuencia vaya a dar un nuevo hermano a su propia hija, le provoca una patente desazón. Su hija es sin duda el gran asidero para su propia vida y ahora teme que necesariamente pasará menos tiempo en su compañía, que va a contar con una vida de la que él no va a participar. Por eso en este momento quiere compartir su universo personal con ella lo máximo posible.

Belmonte con visceralidad y reacciones puramente instintivas. “Hay algo salvaje, animal, en él. Una especie de tormenta. Belmonte es alguien que vive la vida de manera muy instintiva”, dice Veiroj. En este sentido, contextualizar al personaje de Belmonte en una familia de peleteros cobra un significado. “En primer lugar me interesaba a nivel de arte y vestuario porque esas imágenes me parecían sugerentes, pero además hay que tener en cuenta que es un personaje que de algún modo se desnuda, y las pieles guardan relación con eso y con la idea de cubrir el cuerpo, con la idea de las capas. Además remiten a cierta animalidad que reside en el personaje”, explica el director.

“No sé a dónde va Belmonte. Pero él sigue avanzando como un superviviente”

Para Veiroj, Belmonte ofrece una cierta dualidad: “En él se detecta cierto sentimiento de muerte, pero también la voluntad de seguir adelante con cierta visceralidad. Al final, no sé a dónde va Belmonte. Pero él sigue avanzando decidido como un superviviente”.

Saber a dónde se dirige con firme decisión y con una de sus pinturas bajo el brazo al final de la película no es cuestión realmente importante para el director uruguayo, porque “la película lo que hace es plantear preguntas. Es una búsqueda. Y precisamente la mirada de un pintor favorece eso. Es un personaje que pintándose a sí mismo quiere reflejar determinadas frustraciones que pueden abarcar a otros”.

El actor Gonzalo Delgado, que encarna al pintor protagonista, ha jugado un papel fundamental en el proceso creativo de la película y como inspiración del film, hasta el punto de que las pinturas que aparecen en pantalla son suyas. “Éste era un personaje para que lo hiciera él. Sin Gonzalo sencillamente no la hubiese hecho. Mi guion fue una mera guía para dar un esqueleto a la historia, pero la película se fue reescribiendo durante el mismo rodaje, en estrecha colaboración con Gonzalo”, explica el cineasta.

Aunque sea la primera vez que concursa en Zabaltegi-Tabakalera, Federico Veiroj conoce bien la sección, puesto que fue jurado de este premio en su primera edición competitiva en 2016. Es además un viejo conocido del Zinemaldia, en el que también ha competido dentro de Horizontes Latinos con La vida útil (2010), y en la Sección Oficial con El apóstata, que recibió el premio FIPRESCI y una Mención Especial del Jurado.

Ahora mismo, Veiroj se encuentra ya en la fase de montaje de una nueva película, Así habló el cambista, adaptación de una novela del mismo nombre de Juan E. Gruber, con Daniel Hendler y Dolores Fonzi. Este proyecto, en el que lleva trabajando seis años, significa la primera vez que Veiroj trabaja sobre una adaptación, y es también el proyecto de mayor presupuesto que ha manejado.

Gonzalo Gracia Chasco

 

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