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Diario del Festival » Muriel Box
La guerra de los Foster
Simon and Laura
Viernes, 28 de septiembre de 2018

Simon y Laura Foster son un matrimonio de rutilantes actores que tratan de mantener las apariencias a pesar de su bancarrota tanto económica como sentimental. Su suerte cambia cuando un visionario productor de la BBC decide crear una serie televisiva basada en una pareja felizmente casada en la vida real, lo que hoy llamamos un reality. A pesar de que su crisis matrimonial bordea el divorcio, aceptan para poder mantener su estatus y mejorar su imagen de cara al público, pues venderán como real una gran farsa.

A modo de primigenio "Gran Hermano”, y con unos ingeniosos diálogos de ritmo endiablado, este ejercicio de metacine –aunque sea un producto televisivo– nos mostrará el clásico juego de espejos de cualquier pareja sentimental, y la necesidad de fingir en sociedad para sobrevivir a la rutina. Conforme avanza la película –y la serie en paralelo– sus protagonistas se darán cuenta de que, paradójicamente, interpretan más en la vida real que en la televisión.

La imagen de matrimonio feliz atrapa a la audiencia, pero de forma accidental descubrirán un hecho asombroso, pues logran un éxito muy superior cuando el falso andamiaje se desmorona ante la cámara. Han descubierto una de las claves de la obra cinematográfica y televisiva: el conflicto vende. Las glamurosas estrellas también lloran y adolecen de las mismas miserias que sus espectadores.

Muriel Box se aleja de su vertiente más independiente para firmar una agridulce comedia sobre la guerra de sexos, ese prolífico género que tantas obras maestras nos ha proporcionado, todas firmadas por hombres. El morbo de ver cómo una mujer filma una comedia de este tipo en los años cincuenta despierta un interés extra sobre el film tras comprobar como el paso del tiempo ha cuestionado algunos grandes títulos, como La fiera de mi niña, La costilla de Adán o Confidencias a medianoche.

La autoría femenina queda de manifiesto en algunos matices, pues, a
pesar de la militancia feminista de Muriel Box, la industria cinematográfica de la época no permitía demasiadas concesiones. Aun así, Box imprime a su película un carácter algo más regio y menos condescendiente de lo habitual en una screwball comedy, minimizando los enredos alocados y sustituyendo situaciones explosivas por ácidos diálogos que desmontan el rol masculino, y el femenino.

Simon and Laura debería reclamar su sitio en la historia del género. Box no es Hawks, Cukor o Lubistch, pero su película atesora una mirada distinta, si uno sabe mirarla. El tono de sus personajes se aproxima más al de Dos en la carretera, Crueldad intolerable o La guerra de los Rose, aunque con menos violencia física. Es algo más adulta, tratando temas más turbios como la infidelidad, con un abanico de personajes más amplio, tramas que enriquecen este retrato de la vida en pareja. Aquí la mujer, además de fuerte, está más emancipada y es menos condescendiente.

Pero el roce hace el cariño, y más allá de las frustraciones y de apasionados golpes de ingenio, solo puede vencer el amor, al menos en el cine, diga lo que diga Danny DeVito.

Angel Aldarondo

 

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