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Diario del Festival » Zabaltegi-Tabakalera
La repetición y la variación
Domangchin yeoja / The Woman Who Ran
Viernes, 25 de septiembre de 2020

En una de las escenas más brillantes de The Woman Who Ran, un vecino se planta en la puerta de la casa de una mujer para decirle que deje de dar de comer a los gatos callejeros porque la presencia de estos le molesta. Comienza entonces una discusión entre este señor, que aparece de espaldas, y la mujer y su amiga, que responden a las quejas vecinales con un argumento tan sencillo como que los animales también tienen derecho a vivir. La escena acaba tomando la forma del gag, pues en un rincón del plano se observa la figura de un gato, que bosteza. Cuando el cuadro queda vacío, un zoom reencuadra al felino, que le responde con una mirada a cámara.

El cine de Hong Sang-soo avanza mediante dos impulsos: el de la repetición y el de la variación. Quienes ven en sus películas una reiteración inmutable de fórmulas y argumentos pierde la oportunidad de gozar de uno de los mayores placeres del cine actual: observar el discurrir de una obra que, como la corriente, aunque el agua parezca siempre la misma, avanza y muta sin tregua.

En The Woman Who Ran, se insiste en una estrofa: “En los cinco años que llevamos casados, nunca habíamos estado separados”. Esto le cuenta la protagonista, Gam-hee, a cada una de las tres amigas con las que se encuentra. Nunca ha estado alejada de su marido, al menos hasta ahora: Él está de viaje de trabajo, y ella pasa unos días vagando de casa en casa, visitando a viejas amistades. El encuentro es uno de los motivos recurrentes del cine de Hong, de la misma manera que el zoom, que reencuadra y redefine el tono de escenas como la del gato, es una de las herramientas favoritas de la última etapa de la obra del cineasta. He aquí la repetición.

En un momento de la película, los personajes hablan de Jeong Seon, que pintó a menudo la montaña, siempre un paisaje similar, pero a la vez distinto. En The Woman Who Ran, Hong introduce pequeñas variaciones: Las transiciones se producen mediante el montaje de distintos paisajes montañosos; los animales cobran un lugar especial en la película, que se abre precisamente con el plano de unas gallinas; y se insinúa la irrupción de un personaje LGTB que rompería el binario universo del cineasta coreano, tan amante de relatar los roces en la relación entre hombres y mujeres.

The Woman Who Ran es quizá la película de Hong que más se pega al punto de vista de sus protagonistas mujeres: Los distintos hombres que van desfilando aparecen como auténticos papanatas. Pero las mutaciones de Hong no son únicamente temáticas. Su última película se abalanza como ninguna otra al escrutinio de la condición de las imágenes. Las pantallas se reiteran: la de una cámara de seguridad, la de un interfono o la de una pantalla de cine. Hong va probando, va revelando nuevas inquietudes, mientras su obra avanza, entre repetición y variación.

Violeta Kovacsics

 

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