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Estás en: Portada > 69 Edición 2021  > Diario del Festival > La mujer marcada
Diario del Festival » Flores en el infierno
La mujer marcada
BLACK HAIR / GEOM-EUN MEORI
Domingo, 19 de septiembre de 2021

Black Hair (1964) es cine negro fatalista y altamente barroco en su primera parte, muy representativo del estilo desbordante del director Lee Man-hee, aunque la violencia es mostrada casi siempre fuera de campo: el gánster protagonista se clava un cuchillo en la mano por debajo del margen del encuadre panorámico y no vemos la sangre que mana de la herida hasta que la cámara no toma otra posición y él se saca lenta y dolorosamente el guante de cuero; antes, su esposa es marcada en el rostro con el cuello roto de una botella, pero es el mismo agresor quien, situado de espaldas entre la cámara y ella, impide que veamos el golpe seco que le da en la cara. Pese a su delirio formal y argumental, característico de este prolífico e intenso director, Black Hair hace de la sugerencia, en cuanto a la violencia, una de sus mejores armas expresivas.

En la calle, sola de noche, la mujer del gánster, castigada con este ritual sádico por un adulterio que en absoluto ha cometido, es obligada a prostituirse. No solo queda estigmatizada físicamente, sino que debe adentrarse en el bajo vientre de la sociedad y vender su cuerpo para subsistir. Es una mujer marcada en todos los sentidos posibles. En una secuencia, cierra su paraguas cuando deja de llover, y entonces se escucha, surgiendo de la nada, una canción que la acompaña en su soledad hasta que encuentra a un cliente. La mujer marcada oculta las cicatrices con el cabello, lo que deja siempre su rostro fragmentado, del mismo modo que está escindida su existencia después de un castigo doble –la carne marcada, la prostitución– e injusto. Yeon-sil, interpretada por Moon Jung-suk, la esposa y actriz habitual de Man-hee, es la heroína fatalista de una película en la que ese mismo fatalismo termina por cebarse en casi todos los personajes, castigados o redimidos, implorantes o engreídos.

Black Hair es, con todo, una película más seca que otras obras del director que pertenecen al género negro o son colindantes con el mismo, como demuestra The Devil’s Stairway, rodada en el mismo 1964, en la que un cirujano progresivamente enloquecido mata a la enfermera con la que mantiene relaciones y a su prometida, hija del director del hospital. Black Hair, por tema y tonalidad, es más realista, casi neorrealista, como otras películas del cineasta realizadas en los años sesenta: Homebound (1967) es un drama sobre la esposa de un veterano de la guerra de Corea que ha quedado inválido y a la que de repente asaltan todo tipo de dudas al conocer a un hombre más joven; A Day Off (1968), arrebatado y etílico drama urbano, es formalmente más atrevido aún.

Los escenarios en Black Hair son los de los bajos fondos, los arrabales, prostíbulos con habitaciones empapeladas de papel de periódico, antros para los adictos a la morfina, cloacas y callejones en los que nunca vemos la luz. En habitaciones y calles, Yeon-sil sigue estando sola, de noche, aunque no olvidada ni por quien ahora la quiere ni por quien la quiso, y mandó marcarla, en el pasado. Las composiciones de cámara son angulosas y la música, saturada, acrecienta la lírica melodramática de este film donde la lírica desmedida está, siempre, por encima de cualquier otra consideración.


Quim Casas

 

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